No repartas riquezas, reparte trabajo | Óscar Rodríguez

“No repartas riquezas: reparte trabajo,

así aumentarás el nivel de vida del pueblo”

-Eugenio Garza Sada

 

Óscar Rodríguez/CIEN/Monterrey

En el primer piso del Centro Eugenio Garza Sada, que fuera el lugar de residencia por más de 30 años de la familia Garza Sada, cuelga una fotografía de la Cervecería Cuauhtémoc en medio de un paisaje desolado, teniendo como única compañía las vías del ferrocarril. Bajo la imagen se lee la siguiente leyenda: “No repartas riquezas, reparte trabajo, así aumentaras el nivel de vida del pueblo”.

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El mensaje es breve pero contundente, y por éste se puede mirar, como por una ventana, al ser humano detrás del empresario exitoso que, junto con otros, contribuyó a hacer de Nuevo León el emporio industrial del noreste mexicano, procurando mejorar la calidad de vida de los hombres y mujeres que laboraban en sus empresas.

La frase acuñada por Eugenio podría pasar por una readaptación del adagio “dale a un hombre pescado y comerá por un día; enséñale a pescar y comerá toda su vida”, al contexto de una sociedad industrial cada vez más compleja, izando la bandera de la colaboración de clases por encima de otras que difundían el antagonismo entre éstas.

No hay que olvidar que el acelerado crecimiento industrial de Nuevo León en el siglo pasado produjo cambios positivos, por ejemplo, la reducción de precios en los productos al fabricarse a gran escala y en menor tiempo, pero también negativos, como jornadas prolongadas de trabajo y bajos salarios. Por tal motivo, la creación de fuentes de trabajo seguras y bien remuneradas ayudaron a paliar esas problemáticas.

Para Garza Sada, consciente de la importancia de contar con mano de obra comprometida para el crecimiento de sus empresas, no bastaba abrir nuevas fuentes de empleo, era indispensable brindar salarios dignos, educación, salud, vivienda y esparcimiento a los trabajadores y sus familias.  De esa forma, contribuía a aumentar en todos los sentidos el nivel de vida de la clase trabajadora, haciendo posible la colaboración de clases.

Frente a una economía globalizada en la que la mayoría de las empresas compiten por tener mayores ganancias sin importar si en su frenesí trastocan la calidad de vida de la clase trabajadora, sobresale el ejemplo de don Eugenio, que tuvo la habilidad de equilibrar los negocios con el bienestar integral de los trabajadores.

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