Eugenio Garza Sada y la responsabilidad empresarial | César Salinas

Eugenio Garza Sada, Oficina Cervecería. Mayo 1955


Actualmente, Empresa Socialmente Responsable (ESR) y labor social del

empresariado son conceptos muy comunes. Sin embargo, en Monterrey, ideas

similares comenzaron a surgir cien años antes, basadas en la solidaridad y la

cooperación de los empresarios con la sociedad.

Desde principios del Siglo XX, el empresariado comenzó a impulsar el desarrollo

social y cultural de Nuevo León, porque consideraba que el Estado no tenía la

capacidad de hacerlo.

Sin esperar a que el gobierno diera solución a las necesidades sociales, algunos

capitanes de empresa dedicaron recursos considerables para satisfacer temas que, en

teoría, eran tarea gubernamental: vivienda, salud y educación.

La Revolución Mexicana fue el punto de inflexión para que el empresariado decidiera

intervenir de manera más activa en sus comunidades. El movimiento armado provocó

pérdidas humanas, paralizó la economía y marcó la transición a un régimen político

que tardaría años en consolidarse, y que fue acusado muchas veces de corrupción e

ineficiencia.

En esta crisis general, un grupo de empresarios regiomontanos decidió participar en

la construcción de un nuevo México, formando las instituciones que necesitaba el

país. Crearon empresas nacionales pero también escuelas, universidades

(Tecnológico de Monterrey, Universidad de Monterrey), clínicas, hospitales, parques

recreativos, cooperativas, museos, estadios y colonias enteras para sus trabajadores.

A pesar de que el gobierno posrevolucionario intentó muchas veces alejarlos del

escenario social, el empresario no quiso encerrarse en su empresa, ni aceptó estar

excluido de participar directamente en su comunidad. Tomó la responsabilidad social

como una obligación moral, y no como una pose, moda o cumplimiento de estándares

que le dieran reconocimiento.

El pensamiento de responsabilidad social empresarial en Monterrey tuvo su origen en

las ideas del mutualismo estadounidense, la Doctrina Social de la Iglesia y su propia

experiencia supliendo al Estado en las funciones que le correspondían.

Los ejemplos abundan. Antes de que se legislara la reducción de horarios laborales

que alcanzaban las 12 horas diarias, la Cervecería Cuauhtémoc había establecido que

se trabajaran solamente 9 horas, dando sueldos más altos que otras fábricas en el

país.

Los empleados de esta empresa y sus subsidiarias, socios de la Sociedad Cuauhtémoc

y Famosa podían acceder a una casa (años antes de que surgiera el Infonavit), a

servicios de salud (cuando no existía el IMSS) y a la educación en colegios particulares

y becas en la Universidad de Nuevo León y el Tecnológico de Monterrey.

Además, el empresario regiomontano comenzó a ser consciente de su papel como

articulador de la sociedad. Gran parte de las Asociaciones Civiles de Nuevo León, que

trataban temas diversos, fueron fundadas y sostenidas por la iniciativa privada,

mucho antes del boom que tuvieron a partir de los años 90.

Los capitanes de empresa se asumieron como parte de su comunidad, y no como sus

dueños, como responsables con ella y no como privilegiados. Concluyeron que el

beneficio de la empresa podía promover el de la sociedad en su conjunto. La

autonomía fue su bandera y la organización de la sociedad civil uno de sus principales

aportes.

En Monterrey, los empresarios clave en el desarrollo, difusión y práctica de la

responsabilidad social empresarial fueron Francisco G. Sada, Luis G. Sada, Isaac Garza,

Eugenio Garza Sada, Roberto Garza Sada, Carlos Prieto, Bernardo Elosúa, Andrés

Chapa, Joel Rocha, Federico Gómez, Virgilio Garza Jr., Antonio Muguerza, Antonio L.

Rodríguez y Manuel L. Barragán, por mencionar algunos.

Eugenio Garza Sada fue uno de los promotores de que los empresarios se agruparan

en organizaciones que conceptualizarán su pensamiento social. Primero

constituyeron un núcleo de la organización Caballeros de Colón, luego establecieron

Club de Rotarios, y finalmente fundaron en Monterrey el Club Sembradores de

Amistad, en julio de 1936. Poco se podría hacer con pocos, y casi nada en solitario,

por lo que se promovió que el empresariado actuara en bloque, en una misma meta.

Todos ellos tenían conceptos comunes: solidaridad, cooperación de clases,

fraternidad y responsabilidad social empresarial. El credo de los Sembradores lo

estipulaba: “Estoy obligado a velar constantemente por el adelanto moral y material

de mi patria, elevando moral y materialmente el nivel de mi Ciudad y de mi Estado”.

Eugenio Garza Sada, por ejemplo, no solamente se distinguió por las prestaciones que

dio a los trabajadores de sus empresas, sino que impulsó directamente programas de

salud, vivienda, deporte, cultura, educación, recreación, espacios públicos y

beneficencia para la ciudadanía en general. Apoyó casi todo lo que generase

bienestar.

Estas ideas se difundieron en los medios de comunicación, las revistas internas de las

empresas, conferencias en organizaciones empresariales y sobre todo con el propio

ejemplo de los empresarios. Con el tiempo, la responsabilidad social se arraigó en

Monterrey y formó parte de la identidad de muchas empresas y empresarios, mucho

antes de que se estandarizaran como en la actualidad.

La responsabilidad social de empresario era una visión compartida por muchos

hombres de negocios de Monterrey. Más que una meta para cumplir un conjunto de

estándares, se le veía como un deber personal. Este fue el legado de varias

generaciones que enseñaron dichas ideas a sus hijos y nietos. No se trataba de

enseñar valores a los empresarios, sino que éstos crecieran con valores y se

convirtieran en maestros dando el ejemplo.

La RSE era el sello particular de los empresarios regiomontanos. Hoy, que se

promueve tanto el éxito, la innovación, la generación de riqueza y el estatus, también

es importante que el capitán de empresa ponga atención a que su papel en la sociedad

es para beneficiarla integralmente. No lo obliga la ley ni lo sancionaría la ciudadanía,

pero parafraseando a Eugenio Garza Sada, el desarrollo humano debe estar por

encima de las consideraciones económicas.

El liderazgo empresarial debe guiarse con responsabilidad social y no solamente con

ambición. La meta de ser un triunfador y conquistador de mercados podría ir de la

meno con la intención de servicio a los demás. Después de todo, su ganancia (lícita y

bien merecida), no está necesariamente peleada con el bienestar general.

Promover esta idea es indispensable, sobre todo en un México en el que

históricamente el Estado no ha sido capaz de cubrir las necesidades de una sociedad

cada vez más compleja. El empresario nunca debería descuidar su papel como líder

ciudadano, capaz de incidir profunda, amplia y constantemente. El ejemplo y la

tradición la tienen, espero que también la voluntad.

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