La Generación del 2015 y la nueva idea de México | César Salinas

César Salinas Márquez / CIEN

csalinas@cegs.mx

El 21 de junio de 2015 leí el artículo “Dos generaciones: 1915 y 2015”, publicado por Enrique Krauze en el periódico Reforma. Sus ideas son un desafío y una invitación, como la que hizo Manuel Gómez Morin en su texto “La generación de 1915”. Salvadas las distancias, el historiador señala los paralelismos entre las circunstancias que se presentaron en dos fechas separadas por un siglo: 1915 y 2015.

Gómez Morin describió al año de 1915 como el parte aguas convulso entre dos épocas, el “viejo régimen” de Porfirio Díaz y los gobiernos surgidos de la Revolución Mexicana. El cisma: una guerra civil que costó miles de vidas, paralizó la economía y provocó modificaciones a las estructuras económica, política, social y cultural del país.

El movimiento armado cimbró las bases que sostenían a México. Ante la coyuntura, algunos se aventuraron a navegar en la corriente de un mundo nuevo, mientras que otros se aferraron al pasado, idealizándolo con auténtica o falsa nostalgia. La mayoría tuvo que definir y defender sus posturas, unos con más firmeza o congruencia que otros, pero eso sí, las discusiones se hacían en serio y en serie, con postulados y en ocasiones con pistola en mano.

Para la Generación de 1915, nacidos en los últimos años del siglo XIX e inicios del siguiente (1890-1905), el aluvión de la nueva era fue imposible de evadir. La realidad era evidente: el México en el que habían crecido sus padres y abuelos ya no existía. A la violencia y el caos de la guerra le siguieron años de inestabilidad que crearon un ambiente de angustia y vacío.

94. Manuel Gómez Morín

Los jóvenes, muchos de ellos estudiantes, tuvieron que tomar conciencia de las circunstancias, y algunos se hicieron responsables por construir (o reconstruir) su país. Había que plantear soluciones, crear una “idea nueva de México”, o como lo expresó Alfonso Reyes en su Cartilla Moral, “hacer por nuestra nación todo lo que podamos”.

Muchos miembros de esta generación no vacilaron frente la coyuntura. Actuaron en lugar de ceder ante el desaliento. Convirtieron su inconformidad en obras concretas, sus críticas en propuestas, y cristalizaron sus iniciativas en instituciones, algunas de ellas todavía subsisten: organismos públicos, educativos, laborales, culturales, sociales, asistenciales, universidades, partidos políticos, sindicatos y  empresas, entre muchas otras.

Sin embargo, Gómez Morin menciona que estos no fueron actos consensuados ni en bloque, sino en individualidades o pequeños grupos, e incluso muchos de estos personajes no tuvieron contacto entre sí. Al contrario, tenían marcadas diferencias ideológicas, pero cada uno, a su manera, luchó por aportar algo al país, y la idea de México fue su único punto de unión.

Vicente Lombardo Toledano y Manuel Gómez Morin fueron un claro ejemplo de posturas que se distanciaron en el camino, aunque hubo personas que coincidieron en preceptos durante gran parte de su vida, y otras que nunca estuvieron cercanas a concordar. Capitalistas, abogados, socialistas, empresarios, comunistas, líderes sindicales, comerciantes, intelectuales, banqueros, artistas, obreros, funcionarios, pintores, maestros, bohemios, economistas, poetas, escritores, la lista es larga, pero todos pusieron su grano de arena.

Puede decirse que la generación de 1915 fue de hombres de acción. La juventud fue su impulso, y se dieron cuenta, a tiempo, que eso que antes había funcionado era ya obsoleto, anacrónico, inoperante. Dejaron de lado las palabras, las promesas y las estériles quejas, para abrir paso al imperio de las acciones; en pocas palabras, decidieron trabajar por México. Cabe señalar que la mayoría evadió el mesianismo, porque no pensaron en salvar al país por su obra y gracia, sino a través de fincarlo sobre bases firmes.

Pero veamos hacia la actualidad y preguntémonos junto con Krauze: ¿nuestra situación nacional guarda similitudes a lo acontecido hace un siglo? Las comparaciones son odiosas y las distancias de época insalvables, pero una cosa es evidente: en 2015 México parece estar llegando a una coyuntura que presagia un tiempo nuevo.

¿Podemos hablar, como Gómez Morin, de una generación de 2015? ¿Son aquellos jóvenes definidos como Millenials? Definir a este segmento es muy complicado, pero podría abarcar a los nacidos entre 1985 a 2000 (quienes para el 2015 son estudiantes de licenciatura, maestría o doctorado).

Los miembros de esta generación vieron desplomarse la economía mexicana, debido a las crisis económicas de 1987, 1994, 2000 y 2008. Con la devaluación de la moneda y la inflación, han vivido la pérdida gradual de su poder adquisitivo. El dinero, cuando se tiene, ya no alcanza.

Algunos también han presenciado que sus familias pierdan su patrimonio por el quiebre de su negocio, o que sus padres perdieran su empleo o no encuentren ninguno. Son quienes han tenido que trabajar para ayudar a su familia porque el salario no puede satisfacer sus necesidades, o continúan viviendo con sus padres por la incapacidad de auto sustentarse.

Los jóvenes llegaron al ámbito laboral para darse cuenta de los sensibles cambios: los sueldos han bajado, las prestaciones se han ido eliminando, la edad de retiro se ha ampliado, las pensiones son difíciles de conseguir, y el subempleo y el outsourcing son la nueva realidad. Trabajar toda una vida en una sola empresa y la estabilidad laboral son ideas tenues. Acceder a servicios de salud, vivienda y educación, representan gastos extraordinarios, pues el Estado tampoco alcanza a brindarlos a toda la población.

Las marchas y movimientos masivos, la indignación por lo acontecido a los jóvenes de Ayotzinapa, y las críticas hacia medios de comunicación, por mencionar algunos ejemplos, han sido muestras claras del hartazgo casi generalizado. Esto ha sido apenas un atisbo de la capacidad de movilización de la juventud, aunque no se ha logrado su cohesión, ni la definición de propuestas de cambio profundo en el país.

Por otro lado, la violencia, en específico la generada por el crimen organizado, tiñó con sangre la memoria de la Generación de 2015. El escenario ha sido terrorífico: lluvias de plomo, cadáveres en la vía pública, extorsiones, secuestros, bloqueos, masacres; el arribo del Ejército a las calles confirmó que se trataba de una guerra.

El caos intermitente en algunos estados de la República, presagió que la ola de violencia tardaría en desaparecer. La masacre en San Fernando en 2010 (Tamaulipas) y el incendio del Casino Royale en 2011 (Monterrey) demostraron el grado de impunidad en que los criminales actuaban en el país, amén del escenario dantesco que exponían, con detalle, los medios de comunicación.

En 2012, la fuga de más de 30 personas de un penal de Nuevo León, evidenció el grado de descomposición que hay en las instituciones del Estado. La fuga de “El Chapo”, de un penal de alta seguridad (julio de 2015), apoya la idea del descrédito gubernamental. El triunfo reciente de candidatos independientes, a pesar de las múltiples trabas que el sistema les impuso, es otra muestra del rechazo a la política tradicional y los partidos.

Como explica Krauze, la generación de 2015  ha “vivido estos tiempos de violencia con preocupación, angustia, desesperanza, hartazgo y decepción”. Ha sido un tiempo de temple que está forjando el carácter de la juventud.

Faltan algunos años para darnos cuenta si todo lo enunciado ha sido la coyuntura para plantear una nueva idea de México, el inicio de una etapa constructiva. Lo cierto es que, al igual que en 1915, la juventud ha comenzado a actuar. La desconfianza ha hecho que, con mayor frecuencia, las soluciones sean planteadas por vías ciudadanas. El canal predilecto: las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC).

Los ciudadanos, cada vez mejor organizados y participativos, van encontrando en sus acciones una forma de contribuir al país. El aumento y diversificación de actividades de las Organizaciones de la Sociedad Civil en los últimos años, es una clara señal de la participación ciudadana. Buena parte de la membrecía de las OSC son jóvenes menores de 30 años, y el voluntariado recluta a estudiantes universitarios.

Por otro lado, la Generación de 2015 ha unido voluntades por medio de los espacios en Internet. En pleno siglo XXI, con el apoyo de la tecnología, la juventud tendrá que construir las instituciones que se requieren en el país, o restaurar desde adentro las que deban transformarse. Su papel será también destacado en la formación de empresas innovadoras, que generen alto valor y sean socialmente responsables.

De igual forma, los jóvenes participan desde hace algún tiempo en agrupaciones propias de su época, que ha resultado efectivas y atrayentes: colectivos, talleres, equipos de voluntariado, grupos de Redes Sociales, Juntas Vecinales, e incluso grupos de ciber-activistas. Sus objetivos y tendencias ideológicas abarcan una gran diversidad de temas y públicos. El ideal no es reunir a toda la generación de 2015, sino impulsarlos a hacer algo por México.

El aumento de estos grupos es una constante, y sus propuestas cada vez más innovadoras y globales. Actualmente la iniciativa privada ha apoyado algunos de estos proyectos, y su respaldo tiende a incrementarse. Tal vez estamos ante el umbral de la construcción de un nuevo país.

Podemos decir, junto con Gómez Morin, que del caos surgió este panorama desalentador, pero también del caos puede surgir “una nueva idea de México”. Para la generación de 2015 parece una realidad desafiante, y conviene unirnos para aportar desde nuestra trinchera. ¿Quién aceptará esta invitación? 

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