El arte de vender | Luis G. Sada

Por: Luis G. Sada

Revista “El Abanderado”, 1929

El arte de vender consiste en hacer creer a un cliente lo que usted mismo cree, y en la forma en que lo cree. Si usted quiere vender mucho lo primero que tiene que hacer es venderse a sí mismo. No puede vender lo que debiera si no se ha vendido previamente a sí mismo sus propios artículos. Entre las buenas cualidades y habilidades que un competente viajero debe tener, sugerimos las siguientes: Personalidad, Seguridad, Servicio y Auto-sugestión.

Débese entender por PERSONALIDAD a ese sello especial que las personas cultas ponen en todos sus actos; a esa manera “sui generis” que tienen de tratar a la clientela. En el arte de vender, nueve décimas partes consisten en personalidad. Jamás cometa el garrafal error, al vender sus artículos, de ir a visitar a un cliente bajo la impresión de que su inteligencia es mediocre, que es de difícil compresión, que es voluble, etc. Pues esto trae consigo fatales consecuencias, de las que, sin duda, se arrepentirá más tarde.

Luis G. Sada García. Foto: Colección Histórica FEMSA
Luis G. Sada García. Foto: Colección Histórica FEMSA

Al hablar de SEGURIDAD, queremos dar a entender que los buenos viajeros no deben nunca asegurar una cosa sin estar antes plenamente convencidos de que es como lo dicen; empleamos también SEGURIDAD, como sinónimo de resolución: no nos es dable imaginarnos un viajero irresoluto, indeciso, que en determinados casos no sepa qué camino seguir; para nosotros, el verdadero viajero es el que lleva consigo la tenacidad unida a una firme resolución y a una inagotable esperanza.

La más apreciada de todas las habilidades, la que mayor aceptación tiene, tanto en los círculos comerciales como en los particulares, es dar SERVICIO. Las ventas más grandes que figuran en los récords de algunos viajeros, se llevaron a cabo habiendo un servicio de por medio; es fácil imaginarnos hasta dónde puede llegar un viajero que haya hecho una costumbre, un hábito, el de ser servicial; no hay quien lo detenga en su camino; no hay obstáculo que no pueda allanar.

La AUTO-SUGESTIÓN. Usted puede poseerla. Para poder sugestionar a una persona, tiene antes usted que estar sugestionado. Por ejemplo, ¿cómo va usted a hacer creer a un cliente la bondad de los artículos que usted vende, si usted mismo duda de esa bondad? ¿Cómo va a usted a convencer a un cliente de que le haga fuerte pedido, si usted ha ido a visitarlo dudando de conseguirlo? Imposible. Sugestiónese a sí mismo, para que después pueda sugestionar a los demás.

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