Manuel L. Barragán y su jornada por la Cervecería Cuauhtémoc | Eduardo Guardado

Eduardo Guardado Vázquez

Universidad Autónoma de Nuevo León

eguardadovazquez@gmail.com

Manuel L. Barragán en Fundidora

La pujante vida industrial que se desarrolló en el noreste mexicano durante las últimas décadas del siglo XIX, y al principio del siguiente, fue gracias a los diferentes acontecimientos políticos, como la mancuerna del entonces gobernador de Nuevo León Bernardo Reyes y el presidente Porfirio Díaz, misma que propició la industrialización de Monterrey al favorecer la inversión de extranjeros y mexicanos en la localidad.

Este proceso se logró gracias al comercio fronterizo, que provocó que los nuevos productos de uso cotidiano realizados bajo procesos industriales en Estados Unidos (alimentos, vestido, etc.) descendieran por la frontera y, aunado a esto, se respaldó en la presencia de una élite empresarial que habitaba dentro del mismo centro en el que trabajaba.

Este tipo de ejemplos muestran el contexto en que nació Manuel Luis Barragán Escamilla, el 25 de agosto de 1888, en la ciudad Monterrey, Nuevo León, quien lograría una de las carreras empresariales de mayor acenso del siglo XX en México.

Los primeros años de su vida transcurrieron en una casa ubicada en la esquina entre las calles Padre Mier y Francisco Naranjo, a escasos metros de lo que fue la embotelladora La Reynera. De niño, Barragán fue alumno del profesor Serafín Peña, Benemérito de la educación nuevoleonesa, en la escuela “General Lázaro Garza Ayala”, y posteriormente estudió en el Colegio Hidalgo de Monterrey; finalmente, con el afán de seguir su preparación, por las noches tomaba clases de inglés en el Círculo Mercantil Mutualista de Monterrey[1].

Manuel L Barragán en SerfinEn 1903, Prisciliano Barragán, tío abuelo de Manuel, trabajaba como administrador del Casino Monterrey, teniendo influencia entre la élite regiomontana, y fue así que recomendó a su sobrino ante Francisco G. Sada, Gerente general de la Cervecería Cuauhtémoc, para que lo ocupara como trabajador en su fábrica[2].

Durante 1905, Barragán laboraba en esta compañía como jornalero, y posteriormente fue ascendiendo a puestos como mensajero, taquígrafo, corresponsal y secretario provisional del Gerente. En la empresa pudo continuar con sus clases de taquigrafía bilingüe, aprendiendo también publicidad y propaganda en cursos por correspondencia de una institución norteamericana.

Al culminar sus estudios se le otorgó el puesto de la Jefatura del Departamento de Anuncios, pudiendo establecer relaciones de trabajo con los directores de periódicos, impresores y litógrafos de la región[3]. Lo anterior le sirvió de experiencia para actividades futuras, no sólo dentro del diseño de publicidad de productos en la localidad, sino como director del Periódico Excélsior durante los años de 1929 a 1931.

Mientras el crecimiento laboral del joven Barragán, de 18 años, sobresalía, el país vivía uno de los procesos más transformadores en su historia debido a la Revolución mexicana, donde el ejército Constitucionalista dirigido por Venustiano Carranza, llevó a cabo la incautación de algunas empresas en Monterrey.

Tal fue el caso de la Cervecería Cuauhtémoc, que en 1914 fue confiscada por el gobierno en “castigo” a sus dueños que habían apoyado al régimen de Victoriano Huerta. Siendo así los revolucionarios asignaron como nuevo Gerente a Antonio Elosúa, quien convocó al personal a una reunión para que continuaran sus actividades dentro de la empresa a cambio de un aumento de sueldo.

Sin embargo, Manuel L. Barragán se negó a continuar en la compañía y optó por renunciar, pues estaba en desacuerdo con la expropiación de la empresa a sus dueños, las familias Calderón, Garza y Sada, quienes lo habían ayudado durante su carrera.

Fue entonces que ingresó a la Compañía embotelladora Topo Chico, donde en poco tiempo logró conseguir un puesto, siendo contratado personalmente por Eugene E. Lastinger, quien tomó en cuenta sus estudios y experiencia previa en el mercado de las bebidas, sobre todo en lo referente al diseño de campañas dirigidas a los consumidores locales. Por lo anterior, Barragán se quedó con el puesto referente a publicidad y ventas dentro de la empresa[4].

Manuel+L+Barragàn+Escamilla_470x661Después de cuatro años de trabajo y ahorro, en 1918 Manuel logró comprar junto a Leónides Páez la embotelladora del Topo, en donde ambos trabajaban, la cual no pasaba por una buena racha debido a una deficiente administración. Una vez dueño, Barragán implementó varias estrategias que se desarrollaban en la Cervecería cuando él trabaja ahí.

Contrató más distribuidores del producto que era transportado en carros motorizados, diseñó una nueva imagen para la botella (muy similar a las usadas en la Cervecería Cuauhtémoc), y pasó del uso del corcho al tapón de corona, permitiendo una mayor conservación del líquido; estas prácticas fueron útiles para sacar adelante a la embotelladora Topo Chico.

La vida de Manuel L. Barragán tuvo diversos matices, como los que ya se han mencionado, sin dejar de lado otros tantos como la creación de la Cruz Roja en Monterrey, y su determinante participación en el patronato de la UANL desde su inicio. Pero sin duda, su mayor logro fue la distribución, por primera vez en México, de la bebida Coca-Cola, en 1926.

Es probable que dicho refresco no hubiera mantenido vigencia entre los consumidores sin el cúmulo de conocimientos que Manuel L. Barragán obtuvo tras su paso, o como él mismo habría dicho, su “jornada” dentro de la Cervecería Cuauhtémoc, y que durante toda su vida logró poner siempre en práctica.

[1]  TAPIA, Aureliano Méndez, Don Manuel L. Barragán Perfil Biográfico, Monterrey N.L., Ediciones Al Voleo, 1961, p. 4.

[2] Ibid., p. 30.

[3] Ibid., p. 31.

[4] DE LEÓN, Gerardo, Jornadas Regiomontanas, Monterrey N.L.,  Reimpresión 1991, pp. 29, 30 y 94.

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2 comentarios en “Manuel L. Barragán y su jornada por la Cervecería Cuauhtémoc | Eduardo Guardado”

  1. Tuve la dicha de conocerle, en virtud de ser vecino frente a la Alameda, por la calle Washington, ejemplar hombre sencillo y humilde, amigo de todos, cortés y amable, no olvidaré su bonhomía , tampoco a doña María, su querida esposa…

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