Manuel Gómez Morin y Eugenio Garza Sada, una amistad indisoluble | César Salinas

Manuel Gómez Morin y Eugenio Garza Sada

César Salinas Centro Eugenio Garza Sada | csalinas@cegs.mx

Manuel Gómez Morin llamó Generación de 1915 a los mexicanos nacidos entre el ocaso del Porfiriato y la época posrevolucionaria , quienes para ese año emblemático eran estudiantes o recién egresados. Expuso que si bien estos jóvenes no tenían una ideología única o navegaban bajo una sola bandera, compartían la intención de actuar en beneficio de la sociedad, teniendo “la exigencia interior de hacer algo, y el impulso irreprimible a cumplir una misión”.[1]

Para ellos la realidad era evidente: el México en el que habían crecido sus padres y abuelos ya no existía, por lo que tuvieron que proponer nuevas ideas para el país. Fue así como estos personajes destacaron en distintas trincheras, sin estar necesariamente de acuerdo, y  contribuyeron a crear instituciones en los ámbitos público y privado dentro de una nación que transitaba a una época distinta.

En este cambio, algunos hombres de la época asumieron grandes responsabilidades desde temprana edad, respondiendo a las problemáticas nacionales con propuestas concretas y la creación de instituciones que estimularan el crecimiento económico y el bienestar social. Dos de ellos fueron, sin duda, Manuel Gómez Morin y Eugenio Garza Sada, cuyas vidas se entrelazaron desde su juventud, el primero como abogado, educador, ministro de gobierno y político, y el segundo como un destacado empresario que impulsó causas sociales.

Origen y familia

Manuel Gómez Morin y Eugenio Garza Sada nacieron en el norte de México durante la misma década, el primero en Batopilas (Chihuahua) el 27 de febrero de 1897, y el segundo en Monterrey (Nuevo León) el 11 de enero de 1892. Ambos tenían ascendencia española y sus familias se habían dedicado al comercio, aunque la del regiomontano comenzó a invertir en la industria y sus caudales eran más significativos.[2]

Las familias de Morin y Garza se preocuparon especialmente de la educación de sus hijos, por lo que Manuel estuvo en colegios católicos como Progreso y Del Sagrado Corazón, además del Palmore que era sostenido por protestantes, teniendo un acercamiento a las ideas de los jesuitas de la época. Por su parte, Eugenio estuvo en el Colegio San Juan de Saltillo que era dirigido por jesuitas y en el Colegio Hidalgo de Monterrey.

Pero no toda su educación fue en escuelas religiosas, pues Gómez Morin continuó su preparación en la Ciudad de México al ingresar a la Escuela Nacional Preparatoria y a la Escuela de Jurisprudencia, en la que se graduó como abogado en 1919; posteriormente tomó cursos de economía en la Universidad norteamericana de Columbia.[3] Mientras tanto, Garza Sada hizo sus estudios en Estados Unidos, pasando por la Western Military Academy (Illinois), la Chauncy Hall (Boston) y finalmente el Massachsetts Institute of Technology (MIT), en donde se graduó como Ingeniero Civil en 1914.

122. Familia Garza LagueraLas familias Gómez Morin y Garza Sada se distinguieron por ser tradicionalmente católicas, por lo que Manuel y Eugenio fueron practicantes de esta fe en el ámbito privado, es decir, sin fanatismos ostentosos. Sin embargo, sus creencias hicieron que no tuvieran compatibilidad con ideologías como el socialismo y aún menos con el comunismo, y que en su lugar propusieran constantemente la cooperación de clases en lugar de cualquier teoría que estipulara la confrontación.

Al respecto, dos momentos clave en la vida de nuestros personajes fueron la participación activa de Eugenio en la manifestación anticomunista de Monterrey el 5 de febrero de 1936,[4] en la que fue arrestado y llevado al campo militar, y la declaración de Manuel en contra de la implementación de la educación socialista en el país debido a su convicción católica, lo cual le trajo muchas críticas en marzo del mismo año.[5]

Ambos hombres se casaron en la década de 1920. Manuel contrajo nupcias con Lidia Torres Fuentes en enero de 1924 y tuvo con ella cuatro hijos: Juan Manuel, Gabriela, Mauricio y Margarita;[6] mientras que Eugenio se casó en 1921 con Consuelo Lagüera Zambrano, con quien tuvo ocho hijos: Eugenio, Alejandro, Alicia, Consuelo, Gabriel, Marcelo, David y Manuel.

 Amistad

93. Manuel Gómez Morín en su oficinaGarza Sada y Gómez Morin fueron grandes amigos. Manuel contaba ya con buena fama como abogado para los años 20, por lo que el empresario Isaac Garza, padre de Eugenio, se acercó a su despacho para recibir asesoría en sus negocios por lo menos desde 1924.[7] Tiempo después la asesoría del chihuahuense se volvió más constante, al grado de que lo invitaron a Monterrey a conocer en persona a los directivos de la Cervecería Cuauhtémoc en abril de 1928.[8]

 Esa fue la primera vez que nuestros personajes tuvieron contacto, y a partir de entonces los directivos del Grupo de los Garza Sada cruzaron mucha correspondencia con Gómez Morin para ser asesorados; entre ellos destacaron Luis G. Sada, Virgilio Garza Jr., y los hermanos Roberto y Eugenio Garza Sada. Las consultas se volvieron tan cotidianas que en ocasiones el chihuahuense no quería cobrarles y tenía que ser convencido por los regiomontanos de recibir sus honorarios, convirtiéndose en su consejero de cabecera.[9]

Al poco tiempo la relación entre Eugenio y Manuel trascendió el ámbito laboral para convertirse en una amistad, tanto que los hijos del empresario recuerdan que su padre a nadie contestaba el teléfono en casa salvo a Gómez Morin, con quien solía charlar largo y tendido. Incluso el abogado y el empresario se hicieron “compadres de bautizo”, y para 1933 las familias Gómez-Garza eran muy cercanas y convivían en algunas vacaciones, días de campo y visitas en las casas de unos y otros.[10] Además, ambos compraron juntos una propiedad en Nuevo León llamada El Aguacatal, en la que se cosechaba pero también servía para esparcimiento.[11]

Foto Eugenio Garza SadaLa correspondencia entre Manuel y Eugenio revelan una amistad forjada a través de los años, permitiéndose entre ellos algunas notas de humor (poco común para ambos personajes que eran reconocidamente serios). En marzo de 1936, por ejemplo, el empresario invitó a Gómez Morin a Corpus Christi (Texas) para descansar e ir de pesca, garantizándole que en la última expedición había atrapado sábalos enormes, enviándole como prueba una fotografía donde aparecía Garza Sada sujetando un pescado gigante. El abogado se excusó diciendo que no podría acompañarlos, y desconfiando de la dudosa imagen, les dijo que en la capital podrían retratarse junto a King Kong o caminando sobre un volcán, pero que por lo pronto se conformaría con “verlos en fotografía, pescando ballenas con caña”.[12]

Como bien explicaba Gómez Morin, los miembros de la generación de 1915 no siempre estaban de acuerdo. En muchos casos Manuel y Eugenio discreparon en temas como la orientación de la educación superior de México, que el primero sugería que tuviera más apego a las humanidades y el segundo a lo científico, técnico y tecnológico. Por otro lado, en la cuestión empresarial el abogado proponía constantemente modelos organizativos que estaban en boga en el mundo, pero el regiomontano alegaba que no le gustaba tomar medidas radicales, sino emprender los cambios gradualmente tomando en cuenta las circunstancias del país.

Pese a ello su trato nunca rompió la cordialidad. En enero de 1956, por ejemplo, el empresario le escribió a Gómez Morin: “posiblemente le dé a usted la impresión de ‘contreras’ ya que objeto sin excepción todos los párrafos de su memorándum”,[13] explicándole su postura sobre las ideas económicas aplicadas en Estados Unidos, a lo que el abogado contestó: “¿qué pasaría en el mundo si no hubiera ‘contreras’”?[14]

Casi al final de sus vidas la correspondencia de nuestros personajes se volvió menos extensa porque para la época ya habían cambiado las cartas por las llamadas telefónicas, y teniendo mayor tiempo disponible preferían hablar a viva voz. Muestra clara de esos años menos ajetreados es el artículo que Eugenio envió a Gómez Morin en mayo de 1969, titulado “Los viejitos inservibles” que describe la dificultad que tienen los hombres mayores de 50 años para ser “útiles” a una sociedad que los hace menos por no ser tan jóvenes. Sabiendo que ambos eran personas mayores, Manuel contestó: “Estupendo. Sobre todo para los que sabemos de sobra – por el exceso de años-, el concepto. ¿Y ‘los viejecitos inservibles’ de más de 70? A veces dan sorpresas”. [15]

Hombres de transición15. Los patios de la Cerveceria durante la Revolucion

Tanto Manuel como Eugenio formaron parte de una generación de transición. Nacidos durante el positivismo del Porfiriato, época en la que los suyos habían prosperado en relativa paz, vivieron luego los tiempos convulsos de la Revolución Mexicana en el que les pareció todo desorden y caos. En este período los intereses de ambas familias se vieron afectados por las acciones de revolucionarios, pues los partidarios de Venustiano Carranza confiscaron en abril de 1914 la empresa insignia de los Garza Sada (Cervecería Cuauhtémoc), orillándolos a huir a Estados Unidos.[16] Un año antes, en 1913, Manuel Gómez Morin y su madre tuvieron que trasladarse a la Ciudad de México debido al inicio del movimiento constitucionalista, y en 1915 un ataque del ejército de Francisco Villa a Parral, Coahuila, provocó un incendio que disminuyó el patrimonio de esta familia, pues ahí tenían los saldos del negocio que vendieron en Batopilas.[17]

Aunque no condenaban sus ideas sociales, Manuel y Eugenio consideraron que la revolución mexicana fue un periodo de desorden y excesos en el que se impuso la violencia. Morin consideraba que el movimiento fue un “turbulento desbordar de apetitos. Venganzas y saqueos; homicidios, robos, violaciones […] un resorte mal ajustado por una disciplina inadecuada”[18], y además consideraba que el gobierno posrevolucionario era corrupto, ineficiente e inmoral. Por su lado, Garza Sada creía que la Revolución no había logrado mucho porque se basó en la violencia y llevó al poder a grupos que no tenían claro qué hacer con el país.[19]

Sus propias experiencias de vida les habían hecho pensar que el desorden no generaba más que caos en todos los ámbitos sociales, por lo que era  mejor establecer instituciones justas y funcionales antes de permitir nuevas acciones revolucionarias. Ambos creían que la revolución mexicana había creado un grupo político que la tomó como bandera, y que en poco tiempo había demostrado ser corrupto. En opinión de Gómez Morin, las acciones revolucionarias destruyeron la mayoría de las instituciones y prácticas del porfiriato, y lo que el país necesitaba era entrar a una etapa constructiva que dotara al país de nuevas estructuras económicas, políticas, sociales y culturales con las que pudiera funcionar dentro de un nuevo contexto histórico.[20]

28. Eugenio Garza Sada revisando documentosFue por ello que Eugenio y Manuel participaron en la creación de empresas, organismos intermedios, instituciones educativas, asociaciones civiles y otras instituciones, en lo que Gómez Morin se volvió el ideólogo principal, y Garza Sada el ingeniero que proponía, enriquecía, creaba y hacía operar eficazmente algunas de sus propuestas, o recibía asesoría para los proyectos propios.

94. Manuel Gómez MorínAunque Gómez Morin trabajó por su cuenta para el sector público y privado, formando nuevas instituciones estatales y empresariales, también participó en conjunto con Garza Sada en proyectos para mejorar la estructura y manejo de empresas del Grupo Monterrey, como Cervecería Cuauhtémoc y Orión, y otras como Valores Industriales S.A. (VISA)[21] y  Hojalata y Lámina S.A. (Hylsa)[22] fueron esbozadas por Gómez Morin.

Además, la estancia de Manuel como rector de la UNAM en 1933 permitió que obtuviera gran experiencia en el manejo de una institución de educación superior, por lo que pudo asesorar a Eugenio en la creación y manejo del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), desde antes de su fundación en 1943 y a lo largo de las décadas siguientes.[23]

Casi cuarenta años como asesor y amigo de los Garza Sada hicieron que Manuel fuera considerado una pieza indispensable en el esquema de negocios de esta familia, y en sus vidas privadas. Dicha relación perduró hasta el fallecimiento Gómez Morin, quien en julio de 1969 renunció como Consejero del Grupo Monterrey. Conmovido por la noticia, Eugenio le escribió al chihuahuense, a nombre de los consejeros:

No podemos aceptar la renuncia de una persona que, como usted señor Licenciado, no sólo ha sido consejero, a cuyo carácter sí podría renunciar, aunque le repetimos tampoco lo aceptamos, sino que además de haber sido nuestro amigo de tanto tiempo, ha sido en realidad parte de la organización que esperamos sea, como hasta ahora, indisoluble.[24]

Sin embargo, la salud del abogado tuvo complicaciones desde 1969 y lo obligaron a disminuir sus actividades.[25] Poco después, don Manuel falleció el 19 de abril de 1972, y don Eugenio culminó su vida al año siguiente, el 17 de septiembre de 1973; ambos terminaron su existencia todavía revisando proyectos.

La mística de dos hombres

141. Manuel Gómez Morín y Virgilio Garza en reuniónAunque Manuel era propiamente un intelectual y Eugenio tenía el perfil de ingeniero, ambos eran asiduos lectores, contando en sus hogares con un amplio estudio en el acostumbran pasar horas en leyendo. Las bibliotecas de uno y otro nos hablan de los temas que les interesaban: política mexicana, asuntos económicos, problemáticas sociales contemporáneas, ideologías en boga como el socialismo y el comunismo, postulados de la doctrina social de la Iglesia, pero también otros como jardinería, psicología e historia. El intercambio de libros y artículos entre nuestros personajes fue un asunto constante, con títulos en español e inglés.[26]

Cabe destacar que ambos tuvieron una mística muy parecida, profundamente influenciada por los preceptos de la doctrina social cristiana y definida por el convencimiento de un claro sentido de propósito. Practicaron un mismo ideario definido por el respeto a la dignidad humana, la lucha por la libertad, la defensa de la propiedad privada, la preocupación social de mejorar la condición de vida de los mexicanos, la orientación a la acción antes que a las palabras, la congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, el desapego a los bienes materiales y el cultivo de los bienes espirituales del estudio y la generosidad.

consejo tec 1963

Guiados por estas ideas, los miembros de la generación de 1915 heredaron al país un sinnúmero de importantes instituciones, empresas y organismos, algunas de las cuales todavía permanecen en funcionamiento. Si bien algunos de ellos nunca tuvieron contacto o establecieron posturas abiertamente opuestas entre sí, otras vidas se entrelazaron para reunir su talento en el México contemporáneo. Ejemplo claro de ello fue la amistad entre Manuel Gómez Morin y Eugenio Garza Sada, cuyo legado los ha trascendido hasta nuestros días.

En pleno siglo XXI, la vida y obra de estos dos hombres continúa siendo una fuente valiosa de ideas y ejemplos aplicables a nuestro país. Conscientes de ello, los familiares de ambos personajes han rescatado los archivos y bibliotecas personales del abogado y el empresario regiomontano, creando asociaciones civiles: el Centro Cultural Manuel Gómez Morin (Ciudad de México) y el Centro Eugenio Garza Sada (Monterrey). Como sus inspiradores, estas instituciones se han vinculado para difundir las ideas de los dos miembros de la generación de 1915.

[1] Gómez Morin, Manuel. 1915. México, D.F.: Editorial planeta, 2002, pp. 19-23.

[2] Castillo Peraza, Carlos, “Vida y obra de Manuel Gómez Morín”, en Castillo Peraza, Carlos (comp.), Manuel Gómez Morin, constructor de instituciones (antología). México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, 1994, p. 7.

[3] Ibid., p. 16.

[4] Anónimo. Manifestación anticomunista, 5 de febrero de 1936. Aparecen: Manuel L. Barragán, Eugenio Garza Sada y otros. Fototeca del Centro de las Artes, Fondo Pérez-Maldonado, foto 14482.

[5] Carta de Manuel L. Barragán a Manuel Gómez Morin (MGM) sobre las declaraciones de éste último al respecto de su fe católica, Monterrey, 17 de marzo de 1936, Archivo Manuel Gómez Morin (AMGM), Sección Personal, Universidad Nacional, Rectoría, Correspondencia.

[6] Castillo Peraza, Op. Cit., p. 15.

[7] Carta de J. W. Argüello a la Cervecería Cuauhtémoc, 18 de junio de 1924, AMGM, Correspondencia, expediente 356/1235

[8]  Carta de MGM a Roberto Garza Sada (RGS)  sobre su visita a Cervecería Cuauhtémoc, México, D.F., 11 de abril de 1928, AMGM, Sección Abogado, Asesoría a individuos, serie Roberto Garza Sada.

[9] Roberto Garza Sada le escribe a Gómez Morin: “Usted comprende que siendo los abogados tan poco ordenados en manejar sus cobranzas, no tendríamos ninguna libertad de estarle pidiendo a usted constantemente su opinión sobre nuestros negocios y haciéndole consultas como lo hemos venido haciendo hasta hoy”. Carta de RGS a MGM sobre sus honorarios, Monterrey, 10 de octubre de 1940, AMGM, Personal, Correspondencia Roberto Garza Sada, vol. 359, exp. 1240.

[10] Carta de RGS a MGM sobre asunto familiar, Monterrey, 20 de noviembre de 1933, AMGM, Sección abogado, asesoría a particulares, serie Roberto Garza Sada.

[11]  Carta de Eugenio Garza Sada (EGS) a MGM sobre propiedad en común, Monterrey, 31 de julio de 1941, AMGM, Sección abogado, Asesoría a individuos, serie Eugenio Garza Sada.

[12]  Carta de MGM a EGS sobre cancelación de viaje a Corpus, México, D.F., 23 de marzo de 1936, AMGM, Personal, Correspondencia, serie Eugenio Garza Sada.

[13]  Carta de EGS a MGM en respuesta al memorándum sobre la organización general de las compañías, 7

de enero de 1956, AMGM, sección Personal, Correspondencia, serie Eugenio Garza Sada.

[14] Carta de MGM a EGS relativa a la organización general empresarial, 18 de enero de 1956, MGM, sección Personal, Correspondencia, serie Eugenio Garza Sada.

[15] Artículo “Los viejecitos”, carta de EGS a MGM, 21 de mayo de 1969, Monterrey, Archivo Eugenio Garza Sada (AEGS), Correspondencia, expediente 22.

[16] Flores, Óscar, “Monterrey en la Revolución, 1909-1923”, Monterrey, UDEM, 2010, p. 91.

[17] María Gómez explica que la afectación de las rentas de los Gómez Morin se debió a un incendio provocado por el ejército villista, en Gómez Mont, María Teresa, Manuel Gómez Morin, 1915-1939, Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica, 2008, p. 36. Carlos Castillo narra este episodio: “En los primeros años de su vida en la capital, Manuel y su madre padecieron apuros económicos. Por efectos atribuidos al movimiento armado perdieron su renta y Manuel tuvo que trabajar para sostener a su madre”, en Castillo Peraza, Op. Cit., p. 8.

[18] Góme Morin, Op. Cit., p. 16.

[19] Entrevista a José Emilio Amores, Monterrey, 19 de septiembre de 2011.

[20] Ibid., p. 11.

[21] Proyecto de Escritura constitutiva de Valores Industriales, México, D.F., AMGM, Personal, Correspondencia con Virgilio Garza Jr., vol. 357, exp. 1237.

[22] Carta de RGS a MGM sobre la posibilidad de crear una empresa de hojalata, Monterrey, 26 de agosto de 1941, AMGM, Personal, Correspondencia Roberto Garza Sada, vol. 359, exp. 1240.

[23] Carta de MGM a Bernardo Elosúa sobre la creación de una nueva universidad, México, D.F., 2 de diciembre de 1941, AMGM, Otras instituciones, Enseñanza e Investigación Superior A.C., expediente 6903.

[24] Carta de EGS a MGM sobre la renuncia del abogado al Consejo de las empresas del Grupo Monterrey, Monterrey, 30 de julio de 1969, AEGS, Correspondencia, exp. 130.

[25] “Nota biográfica de Manuel Gómez Morin”, en página oficial del Centro Cultural Manuel Gómez Morin, [Disponible en: http://ccmanuelgomezmorin.org.mx/ccmgm/doctos/1.Biografia.pdf;jsessionid=2CAA03D588E111BD1F6708E11BD6ABCA. [Fecha de consulta: 11 de diciembre de 2014].

[26]  Eugenio Garza Sada envío un artículo sobre escritura maya a Manuel Gómez Morin, mientras que éste le mandó el libro “Enjoyment of Laughter”. Carta de EGS a MGM sobre artículo de escritura maya, Monterrey, 4 de junio de 1935, AMGM, Personal, Correspondencia, serie Eugenio Garza Sada, y Agradecimiento por el envío de libro a MGM, Monterrey, 4 de enero de 1938, AMGM, Personal, Correspondencia, serie Eugenio Garza Sada.

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