Eugenio y Roberto Garza Sada (1930 – 1945) Un buen equipo para tiempos dificiles | Mario Cerutti

Dr. Mario Cerutti

Facultad de Economía, UANL

Sistema Nacional de Investigadores

mcerutti@faeco.uanl.mx

7. Idealizacion del edificio definitivo de Cerveceria Cuauhtemoc

Eugenio Garza Sada y su hermano Roberto (casi cuatro años menor) constituyeron, de principios de los años 30 a los meses finales de la Segunda Guerra Mundial, un auténtico equipo promotor y/o formador de empresas. El cuadro 1 puede comprobarlo: entre enero de 1932 y los inicios de 1945, Eugenio y Roberto fundaron o participaron como accionistas en al menos 35 sociedades de nueva constitución.

  1. Los difíciles 30

No se trataba, precisamente, de tiempos tranquilos. La década de los 30 había comenzado con la tan famosa como estudiada Gran Depresión, que sacudió buena parte del planeta y del decenio. El estallido de la Segunda Guerra, en parte consecuencia de la misma crisis, alborotó no sólo la economía mundial sino que complicó los vínculos de México, y de Monterrey en particular, con el gigantesco mercado de los Estados Unidos.

Roberto y Eugenio Garza Sada en reunión, 1960. Archivo Eugenio Garza Sada.
Roberto y Eugenio Garza Sada en reunión, 1960.
Archivo Eugenio Garza Sada.

Desde 1935, ya en el plano interno, se radicalizó la política socioeconómica del presidente Lázaro Cárdenas, quien además de lanzar la reforma agraria (La Laguna, 1936) y expropiar las empresas petroleras internacionales (1938), mantuvo una ruda disputa con los empresarios regiomontanos (1936). En 1940, la sucesión de Cárdenas también emergió plagada de conflictos que no dejaban de golpear simultáneamente la sucesión gubernamental en Nuevo León.

Y en mayo de 1933, en el marco de la intimidad hogareña, había fallecido el padre de ambos hermanos: Isaac Garza Garza, uno de los dirigentes fundamentales de lo que para los años 20 se presentaba como la más destacada corriente empresarial del norte del país. Es decir, y en conclusión, Eugenio y Roberto —con el apoyo frecuente de Isaac Garza Sada— debieron hacerse cargo no sólo de lo construido a partir de 1890,1 sino de impulsar nuevos proyectos. Algunos, surgidos en el ámbito de la propia familia; otros, en el escenario frecuente de la familia ampliada (con los Sada y los Muguerza); y en no pocos casos en asociación con grupos parentales o empresas relevantes de la ciudad o del noreste.

  1. Los formadores de empresas

Al revisar el cuadro 1 se detecta uno de los ejemplos más nítidos de la irrupción de lo que hemos denominado la segunda generación formadora de empresas en Monterrey. En este caso, la encabezada por el apellido compuesto Garza-Sada, generalmente acompañado de sus parientes más próximos. A la multiplicidad y diversidad creciente que manifiestan las actividades que emprenden o mantienen, puede agregarse lo siguiente: a) Entre las sociedades que requieren mayor inversión, en particular desde 1935, destacan algunas muy ligadas a vertientes claves de la segunda revolución tecnológica: química, petroquímica, automotores, electricidad; b) alianzas intra e interempresariales para lograr articular proyectos funcionales al conjunto asociado: los más importantes fueron la Planta Generadora de Energía Eléctrica (1943, 12 empresas) y Gas Industrial de Monterrey (1944, 16 empresas); c) el rápido desenvolvimiento del conjunto de empresas conectadas con Cervecería y Vidriera Monterrey, más urgencias de tipo institucional, generaron la necesidad de construir holdings: surgieron precisamente en 1936 con VISA (Valores Industriales S.A.) y FICSA (Fomento de Industria y Comercio S.A.);2 d) ello supuso una reorganización profunda del grupo industrial engendrado paulatinamente desde Cervecería Cuauhtémoc a partir de sus antiguos departamentos, reestructuración definida en 1936 con la refundación de Malta S.A, Fábricas de Monterrey S.A. y Empaques de Cartón Titán S.A; e) todo ello acentuó los vínculos dentro del núcleo familiar ampliado proveniente de Cervecería Cuauhtémoc y Vidriera Monterrey (Garza Sada, Sada, Muguerza, Calderón); f) continuando la experiencia porfiriana, persistía la prolongación de esos lazos a otras familias importantes de Monterrey y del espacio regional que la circundaba (Madero, Belden, Zambrano, Hernández, Mendirichaga, Rivero, Ferrara, Brittingham); g) la aparición y/o afirmación de apellidos nuevos en la cúpula de los negocios locales: entre otros, Elizondo, Barragán, Benavides, Llaguno, Salinas, Rocha, Chapa, Santos, Lambreton, Lachica; h) la gestación de la primera escuela formadora de cuadros gerenciales de todo el mundo no avanzado (y de varios países desarrollados): el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), uno de los hitos en la poco común trayectoria de Eugenio Garza Sada; i) la ascendente participación en el sector servicios, en el que descollaban las actividades financieras en general y de los bancos en particular (aquí también sobresalía el lúcido asesoramiento de Gómez Morín, ampliamente vinculado a entidades financieras con asiento en Ciudad de México);3 j) la puesta en marcha de proyectos paralelos a los sectores troncales, generalmente a cargo —de manera más o menos autónoma— por algún miembro de la familia (entre los que más se promueven figuran el rubro inmobiliario y la construcción).

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  1. Perfil industrial de Monterrey y proyectos de base
126. Roberto Garza Sada y Eugenio Garza Sada en reunión
Roberto y Eugenio Garza Sada en reunión, 1960. Archivo Eugenio Garza Sada/CEGS.

Entre 1930 y el final de la Segunda Guerra Mundial, Monterrey consolidó su perfil de ciudad fabril. A diferencia de lo sucedido en otros espacios del norte y del centro, la dinámica manufacturera asumida durante el porfiriato no quedaría truncada. Ni los embates de la revolución, ni la dificultosa etapa de reconstrucción económica y sociopolítica que se transitó en los años 20, ni la depresión que arrancaría en 1929 lograron alterar o atenuar la atmósfera4 que flotaba sobre Monterrey en cuanto a su íntima capacidad para engendrar empresas y empresarios.

Eugenio Garza Sada revisando documentos, 1955. Archivo Eugenio Garza Sada.
Eugenio Garza Sada revisando documentos,
1955. Archivo Eugenio Garza Sada.

Los nuevos tiempos, eso sí, modificaron de una u otra manera la natalidad sectorial; llevarían a la casi desaparición de la minería como área privilegiada de inversión, cuya decadencia ya era ostensible desde 1912. Pero no alcanzaron a frenar la fertilidad global que, tanto con las políticas insinuadas en los años 20 como con las de sustitución de importaciones, se habría de acentuar gracias a la industria fabril, el antiguo quehacer comercial y el ya llamativo sector servicios.

En ese contexto, algunas necesidades de infraestructura se convirtieron en apremiantes. Una de ellas fue la energía eléctrica, cuyas demandas de aplicación tanto en la vida cotidiana de miles de habitantes como para los usos productivos aumentaron de manera sustancial. E interesa a esta semblanza mencionar un proyecto en el que operaron de manera vigorosa Eugenio y Roberto Garza Sada: el Grupo Industrial Monterrey S.A. La conformación del Grupo Industrial que en 1943 propulsó la Planta Generadora de Energía fue una respuesta del empresariado local a una severa crisis de abastecimiento, ya que eran evidentes las carencias regionales de electricidad.

Ante tan específica situación, ¿quiénes conformaron el grupo e impulsaron la construcción de la planta? Las firmas que lo emprendieron, indicadas en el cuadro 2, respondían o estaban orientadas en líneas generales por las principales familias de Monterrey, casi todas protagonistas de la primera fase de desarrollo fabril, entre 1890 y 1910. Y, como puede observarse, destacaban los Garza Sada entre los fundadores (aunque siempre a la par de sus primos, los Sada).

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El plan inaugural del proyecto consistió en montar una planta generadora de 15 mil kw, pero para 1945 su capacidad desbordaba los 17 mil y hacia 1952 producía casi 30 mil. No está de más mencionar, como se apunta en el cuadro 3, que en 1952 el sector empresarial de Monterrey generaba casi 55 mil kw. De ellos, casi el 54 por ciento provenía de la planta del Grupo Industrial.

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Si a esta cantidad se suman los 27 mil 800 kw que ponía en el mercado la entonces Compañía de Tranvías, la disponibilidad global en Monterrey para el momento en que la Comisión Federal comenzaba a integrar sus instalaciones habría desbordado los 82 mil kilovatios hora. Ello demostraba, según el ingeniero Rodríguez Mata (p. 36), la importancia que en Monterrey habían asumido “las plantas privadas, ya que con su energía hacen que la disponibilidad total sea el doble de la proporcionada por el sistema público”. Lo que, de paso, permitía que, desde 1947, “la tendencia de crecimiento de la disponibilidad de energía se uniforma [ra] y [hoy] se mantiene bastante regular”.6

Consejo Vitro, 1950. Archivo Eugenio Garza Sada.
Consejo Vitro, 1950. Archivo Eugenio Garza Sada.

En definitiva: la permanencia operativa de no pocos apellidos provenientes del último tercio del siglo XIX, y la solidez del tejido empresarial estructurado entre 1890 y 1910, eran más que notorios en el Monterrey de los años posteriores a la Gran Depresión. El pasaje del carbón a la electricidad, de la economía hacia afuera a la economía hacia adentro, o de las instituciones porfirianas a las post revolucionarias, no eliminaron ni suprimieron la vigencia y funcionalidad de esos apellidos. Por el contrario, dejaron constancia de la decisiva capacidad de adaptación de familias como la que pasó a conducir Eugenio Garza Sada, quien junto con los cercanos afanes de su hermano Roberto, emergió como un actor estratégico para la continuidad de esta trayectoria fabril.

Notas

1 Para junio de 1933, Eugenio Garza Sada operaba como subgerente-apoderado de Cervecería, y Roberto como su tesorero.

2 Bajo el hábil el asesoramiento del abogado Manuel Gómez Morín.

3 Los intercambios epistolares y las visitas personales con Gómez Morín eran intensas y constantes. Ver correspondencia en archivo Gómez Morín, México, DF.

4 Término usado por Marshall para explicar el ambiente estimulante que se percibía en las aglomeraciones industriales inglesas de fines del XIX.

5 A las citadas, se incorporaron en 1945 Fabricación de Máquinas S.A. (equipos) y Cementos del Norte S.A. (cemento).

6 Y concluía Rodríguez Mata: “En 1953, un año después de entrar en servicio [en Monterrey] la planta de la Comisión Federal de Electricidad, la cantidad de energía disponible para la distribución es del 288 por ciento de la cantidad generada en 1940. En el período de 14 años, la energía se ha casi triplicado. Esta tasa de crecimiento es muy superior a la que se ha observado en el resto de los sistemas eléctricos de México”.

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