El único libro escrito por Eugenio Garza Sada | César Salinas

Economía política584

Eugenio Garza Sada fue un empresario que dejó pocos escritos. Al menos eso era lo que pensábamos cuando organizamos su archivo personal en el 2011, y observamos su particular austeridad con las palabras. Sus notas eran apenas garabatos que señalaban ideas, sus notas son cortas, precisas y directas, e incluso su correspondencia parece telegráfica. Sus hijos recuerdan que su padre les pedía constantemente que al escribir hicieran síntesis, aclararan sus ideas y las expresaran en su mínima expresión sin afectar lo que se quería decir. Según Garza Sada, esta práctica optimizaba la comunicación y permitía aprovechar mejor el tiempo.

Sin embargo, en más de una ocasión don Eugenio escribió artículos para la Revista El Abanderado de la Cervecería Cuauhtémoc, y recientemente descubrimos que en 1962 redactó un libro titulado “Economía Política”, publicado por el Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas AC., con el seudónimo de Gustavo Narrina. Por lo menos 5 de sus 10 mil ejemplares se conservan en el Archivo Eugenio Garza Sada, con la versión inicial y correcciones a máquina de su autor. A continuación compartimos un fragmento del que puede ser el único libro escrito por Eugenio Garza Sada.

La empresa privada

La función de la empresa privada consiste únicamente en satisfacer al consumidor su demanda de diferentes productos y servicios. La empresa privada se desarrolla basada en el capital que se obtiene mediante aportaciones de personas que han sabido ahorrar, o con crédito de instituciones bancarias o crediticias. Para lograr el buen éxito, la empresa necesita ante todo producir artículos que sean aceptados por el público, por su calidad y precio.

Dicho precio no puede ser arbitrario ni elevado, pues siempre habrá uno o varios competidores, que también se esfuerzan por vender ese mismo producto o quizás un substituto, y esta competencia obliga a los productores a mantener precios bajos, para ganar la preferencia del consumidor. Pero tampoco puede ser el precio muy bajo, porque la venta del producto debe permitir el pago de salarios justos, los impuestos al gobierno, y además utilidades suficientes para cubrir un interés del dinero del inversionista, así como una adecuada compensación para cubrir los riesgos que siempre arrastra el capitalista.

Los aportadores del capital tampoco pueden esperar ingresos desmedidos, porque siempre habrá otros interesados en negociar en el mismo ramo y competir lo cual regula automáticamente las utilidades. Sólo muy rara vez la explotación de un invento o patente permite utilidades mayores que las usuales. Casi siempre, en estos casos, el público recibe un producto mejor a un costo menor, debido a ese nuevo invento o método. En cambio, siempre existe un buen número de negocios que fracasan y llegan a la quiebra.

El funcionamiento del mercado implica naturalmente la vigilancia de la autoridad para evitar la formación de monopolios, los cuales evitarían el indispensable proceso libre de los precios mediante la competencia. Para su desarrollo, la mayor parte de las empresas se ven obligadas a reinvertir una parte importante de las utilidades y sólo se reparten dividendos en efectivo, en sumas apenas suficientes para mantener el interés de sus accionistas en futuras aportaciones.

La empresa privada exige una constante inversión para abaratar costos y poder competir. Para el mismo fin necesita diversificarse, produciendo artículos complementarios a su producción normal. En resumen, la empresa privada, se provee de fondos tomados de sus utilidades, de las aportaciones de sus accionistas y de préstamos bancarios o de otros géneros. Los participantes en el proceso de la economía moderna, ya sea el empresario, el obrero o el capitalista, todos cumplen una misión social en la cual la sociedad premia con el éxito a quien mejor cumple, y castiga con el fracaso al inepto.

El sistema de libertad, de iniciativa privada, ha producido resultados tan evidentes como los obtenidos en los Estados Unidos y Canadá, que constantemente tienen sobrantes agrícolas que distribuyen en todo el mundo. En cambio, ahí está el ejemplo del país líder comunista que después de 50 años de dictadura, no ha podido producir los suficientes alimentos para su pueblo. Al sistema de la iniciativa privada, también se le llama capitalismo, no obstante que este término ha sido tan desprestigiado por la politiquería comunista, y aún por otras personas de buena fe, que se le asocia con la voracidad, y el desenfreno en la economía.

 Los ingresos del Estado. Uso y abuso

Los ingresos del Estado lo forman los impuestos y los préstamos que obtiene, ya sea del propio país mediante la emisión de valores, “bonos del ahorro” y papeles semejantes también mediante préstamos del extranjero o emisión de papel moneda, y en algunos casos, mediante el producto de empresas que administra; pero todos los ingresos del Estado, los paga en una u otra forma el consumidor. Aún el impuesto sobre las utilidades lo paga el consumidor, a pesar del argumento demagógico en que se basa.

En efecto, ya hemos visto cómo funciona la empresa privada y cómo automáticamente se ajustan las utilidades a lo indispensable, para que el sistema funcione. Si el Estado establece un impuesto equivalente a la mitad de las utilidades, cualquier negocio desaparecería si no subiera sus precios lo suficiente para duplicar las referidas utilidades y pagar la mitad al Estado, conservando la otra mitad para cubrir salarios impuestos, intereses y el margen normal del capital de riesgo. La demagogia dice que esto es una prueba de la “voracidad” de la empresa.

Pero en realidad sabemos que aunque existiera esa voracidad, el juego de la competencia limitada a lo estrictamente necesario el ingreso respectivo, para mantener el funcionamiento normal de la empresa. El impuesto personal también afecta al consumidor. El individuo a quien se le limita su ingreso, contrae su actividad productiva y su capacidad como inversionista, en la misma proporción.

Cierto que el impuesto debiera tener un uso eficiente en manos del Estados, pero la verdad es otra, como se demuestra en el capítulo de la empresa estatal. La absorción del ahorro del país por el Estado, a través de los medios descritos, frena el desarrollo de la producción privada y eficiente.

El estado no puede quebrar

Se dice comúnmente que el Estado no puede “quebrar”, pues si sus gastos han excedido a sus ingresos, todo lo que tienen que hacer para nivelarse, es imponer nuevas contribuciones.

La realidad es que cuando el Estado se excede en sus desembolsos y exige mayores sacrificios del pueblo para corregir su error, origina una acción en cadena, que acaba por llevar al desastre al pueblo y al Estado mismo. El ahorro que puede extraerse del pueblo mediante contribuciones o préstamos, o emisión de papel moneda, tiene un límite, puesto que el pago de esos impuestos procede, en última instancia, de lo que ahorra el pueblo o de los sacrificios a que se le obliga en sus gastos normales.

La situación provocada por un Estado gastador tiende a paralizar el consumo individual, lo que a su vez paraliza la producción, trae consigo la desocupación y por consecuencia menos consumo; y así sucesivamente en un círculo vicioso de ruina y desconfianza generales.

Lógicamente esto acarrea también una reducción en los ingresos del Estado, pero entonces éste trata de resarcirse emitiendo mayor cantidad de papel moneda, cada vez de menor valor, lo que provoca la inflación o sea el alza de los precios. (En tiempo de la Revolución Mexicana se denominó a este papel moneda con el nombre de “bilimbiques”).

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4 comentarios en “El único libro escrito por Eugenio Garza Sada | César Salinas”

  1. Más claro, ni el agua !, conceptos tan escenciales y sencillos que los demagogos, generalmente políticos los hacen tan complicados que pocos les entienden facilitando así, acciones que no contribuyen al desarrollo armónico de nuestro país.

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