El Patrimonio perdido de Fundidora Monterrey | Jaime Sánchez

Jaime Sánchez-Macedo | Fototeca Nuevo León

jaime_sanmac@hotmail.com

A casi treinta años del cierre de Fundidora Monterrey el 9 de mayo de 1986, es pertinente reflexionar sobre cómo contribuyó esta empresa, pionera de la siderurgia en América Latina, para el desarrollo de una ciudad que en el transcurso de un siglo pasó del ámbito rural al mundo industrial. Entonces, ¿de qué manera podríamos hallar una respuesta a tal cuestionamiento?

Así, volteamos a nuestro alrededor en busca de los vestigios que nos aporten información sobre la vieja Maestranza y lo que encontramos es: un gran parque urbano -escenario de todo tipo de eventos lúdicos, deportivos, de arte, privados, comerciales, religiosos, etc.- un voluminoso archivo documental y fotográfico que poco a poco ha sido recuperado del abandono y la humedad.

Por último -tal vez de manera mucho menos visible- una comunidad de ex-trabajadores cada vez más disminuida pero entusiasta, aún combativa y llena de memorias sobre el trabajo diario en Fundidora. A continuación abordaré de manera general cada uno de estos tres elementos que hoy en día mantienen viva una tradición laboral que por 86 años fue fundamental para la ciudad, además de formar parte importante del patrimonio industrial e histórico de México.

De acuerdo con el sitio web oficial del Parque Fundidora, el 24 de febrero de 2001 las 142 hectáreas de la antigua fábrica fueron designadas como museo de sitio de arqueología industrial en la ciudad de Monterrey. Esto incluye 27 piezas industriales entre las que se cuentan dos hornos altos, edificios, chimeneas y 127 piezas más de menor tamaño, distribuidas en jardines y andadores, de acuerdo con la misma fuente.[1]

Más aún, el 9 de noviembre de 2009, de acuerdo con el Diario Oficial de la Federación y por decreto del presidente Felipe Calderón Hinojosa, el inmueble denominado Horno Alto No. 3 fue declarado monumento artístico de la nación, con lo cual pasó a ser parte de la legislación sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticas e Históricas bajo la supervisión del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.[2]

Dicho horno, construido a finales de la década de 1960 y cuyo diseño corrió a cargo de la firma Arthur G. Mckec & Co., es tal vez uno de los pocos vestigios industriales reconocidos con la categoría de monumento artístico en todo el  país. Por último vale la pena mencionar la temprana inclusión de las cinco chimeneas del Horno Alto No. 1 en el escudo del estado de Nuevo León desde 1943, lo cual es una apropiación simbólica del pasado industrial para la identidad colectiva de los nuevoleoneses.

Empero, el museo de sitio presenta una problemática esencial al momento en que queremos aprender sobre las distintas formas de trabajo en Fundidora. En primer tenemos que de la superficie total del parque sólo una mínima parte -menos del 50%- tiene que ver con el pasado fabril, siendo esta una situación a la alza.[3] Asimismo, como la negativa misma del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios afiliado a la UNESCO lo indica, la descontextualización y alteración del patrimonio que subyace en Fundidora compromete la verdadera vocación memorial del espacio.

De acuerdo con la arquitecta Olga Orive Bellinger del mismo organismo, para el reconocimiento de un espacio industrial como patrimonio es de suma importancia el grado de integración entre los vestigios existentes.[4] Si bien es cierto que en términos generales la Fundidora Monterrey ha sido el área que mayor cantidad de remodelaciones y cuidados ha tenido en comparación con otras fábricas antiguas de la ciudad, estas adecuaciones no han logrado garantizar la conservación del pasado material de la siderúrgica.

El edificio de la Planta Termoeléctrica es un ejemplo de la demolición reciente del espacio de Fundidora Monterrey. Eugenio Espino Barros “Planta de Fuerza”termoeléctrica, Departamento de Fuerza Motriz. 1960 Monterrey, N. L. No. de foto: 446 D.R. © Fototeca Nuevo León – CONARTE, Fondo Eugenio Espino Barros
El edificio de la Planta Termoeléctrica es un ejemplo de la demolición reciente del espacio de Fundidora Monterrey. Eugenio Espino Barros. “Planta de fuerza”termoeléctrica, Departamento de Fuerza Motriz. 1960. Monterrey, N. L. No. de foto: 446 D.R. © Fototeca Nuevo León – CONARTE, Fondo Eugenio Espino Barros

Una lucha paralela ha sido el rescate y la conservación del acervo documental y fotográfico de la empresa. Después de múltiples peripecias que en distintos momentos pusieron en riesgo de desaparecer el voluminoso archivo, gracias al esfuerzo y dedicación de personas como Manuel González Caballero, Alberto Casillas, Óscar Ávila, Víctor Cavazos, Jesús Ávila, Wenceslao Ceballos, entre muchos otros, por fin parece haber encontrado una sede definitiva en las instalaciones de la Escuela Adolfo Prieto.

Por su parte, actualmente el archivo de 40,000 imágenes de Fundidora se encuentra siendo procesado en la Fototeca Nuevo León del Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León gracias al financiamiento de Ternium. No obstante, al igual que sucede con los vestigios arqueológicos, la riqueza de estos acervos documentales sólo es apreciable en la medida que nos aportan información sobre el pasado. Así, el archivo documental e imagético está a la espera de los investigadores que enriquezcan más nuestro conocimiento sobre el pasado fabril de Monterrey.[5]

El edificio B.O.F. también desaparecido era uno de las construcciones de mayores dimensiones dentro de la empresa. Su principal característica era la innovación en el proceso de aceración mediante la inyección de oxígeno. Autor sin identificar Hornos Básicos de Oxigenación, B.O.F., trabajan con proceso de vaciado de arrabio Ca. 1978. Monterrey, N. L. D.R. © 42415 Fototeca Nuevo León – CONARTE, Fondo Fundidora
El edificio B.O.F. también desaparecido era uno de las construcciones de mayores dimensiones dentro de la empresa. Su principal característica era la innovación en el proceso de aceración mediante la inyección de oxígeno. Autor sin identificar Hornos Básicos de Oxigenación, B.O.F., trabajan con proceso de vaciado de arrabio Ca. 1978. Monterrey, N. L. D.R. © 42415 Fototeca Nuevo León – CONARTE, Fondo Fundidora

Por el último, el aspecto más complejo y a la vez más enriquecedor del patrimonio industrial de Fundidora Monterrey, sin duda lo constituye la memoria de los ex-trabajadores que laboraron en la empresa. Este aspecto en particular se dificulta cuando tomamos a consideración la tensión entre las voces de los actores sociales y la cobertura mediática que se realizó sobre Fundidora durante la última década de su operación.

Desde el cierre de la compañía, los ahora ex–trabajadores -particularmente los ex-obreros pertenecientes a alguna facción del sindicato- se enfrentaron a una sociedad que los identificó como los principales responsables del quiebre de la compañía.[6] De tal suerte que no se tomaba a consideración el nivel de endeudamiento generado a partir de los distintos planes de modernización y expansión que se habían adquirido mediante financiamientos en dólares en una época de grandes debacles del valor del peso, entre otros factores estructurales relacionados con el mercado del acero a nivel internacional.

El resultado de dicho conflicto, además de devastadoras consecuencias para el porvenir laboral de los ex-trabajadores, ha provocado que sus testimonios, no sólo sobre el decaimiento de la empresa, sino sobre el sentido de pertenecer a una empresa como Fundidora en términos de desarrollo, tecnología, conocimiento, accidentes laborales, ocio, recreación, familia e identidad, quede al margen del reconocimiento y la valoración como patrimonio intangible de la ciudad. Tal situación representa un riesgo irreversible ante la pérdida de las últimas generaciones de obreros y empleados de la siderúrgica.

Durante la última década de Fundidora distintos departamentos lograron romper records de producción histórica. Las fotografías del Fondo Fundidora nos permiten corroborar estos logros industriales. Autor sin identificar Roberto González junto a obreros que lograron un récord de producción de acero, retrato de grupo. Ca. 1980 Monterrey, N. L. D.R. © 30289 Fototeca Nuevo León – CONARTE, Fondo Fundidora
Durante la última década de Fundidora distintos departamentos lograron romper records de producción histórica. Las fotografías del Fondo Fundidora nos permiten corroborar estos logros industriales. Autor sin identificar. Roberto González junto a obreros que lograron un récord de producción de acero, retrato de grupo. Ca. 1980. Monterrey, N. L.
D.R. © 30289 Fototeca Nuevo León – CONARTE, Fondo Fundidora

Siendo que el rescate de cualquier tipo de patrimonio es una tarea sumamente compleja, resulta necesario fomentar un rescate integral del pasado industrial de la ciudad. En este sentido reconocemos la existencia de proyectos catalográficos que actualmente se están desarrollando, [7] aunque consideramos que hace falta conjuntar los aspectos tangibles e intangibles para dar un sentido humano a la conservación y restauración de las numerosas naves, maquinarias y chimeneas que aún se yerguen por la ciudad.

FUENTES

[1] Sitio oficial del Parque Fundidora (http://www.parquefundidora.org/index.php/quienes-somos/que-es-parque-fundidora).

[2] Diario Oficial de la Federación, 9 de noviembre 2009, Secretaría de Gobierno (http://dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5118779&fecha=09/11/2009).

[3] La modificación y demolición de espacios fabriles es proceso continuo en la lógica del espacio. Como ejemplo tenemos la reciente demolición de la Planta Termoeléctrica que existía en la porción nororiental del parque. En el pasado, entre los años 1994 y 1995 se desmanteló el Horno Alto No. 2 que había sido diseñado y construido íntegramente en la Fundidora Monterrey durante la década de los cuarentas.

[4] José Manuel Prieto,  Patrimonio moderno y cultura arquitectónica en Monterrey. Claves de un desencuentro, México, Fondo Editorial Nuevo León, 2014; pp. 82-83.

[5] Sin duda, vale la pena reconocer las aportaciones de investigadores como Isidro Vizcaya, Javier Rojas, Óscar Ávila, Valentina Garza, Edna Ovalle, Esteban Ovalle, Juan Jacobo Castillo, así como muchos otros.

[6] Eleocadio Martínez Silva, “Convertirse en ex-obreros. La experiencia de los exfundidores de Monterrey”, en Estudios Sociológicos Vol. XXVII, núm. 81, México, COLMEX, sep-dic, 2009; pp. 837-838.

[7] El Dr. Camilo Contreras del Colegio de la Frontera Norte en conjunto con el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León actualmente lleva a cabo un proyecto de catalogación de inmuebles industriales poco explorados en el área metropolitana de Monterrey.

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