Fundidora de Fierro y Acero Monterrey: 163 días… ¡con accidentes! | Óscar Rodríguez

En 1930 la Fundidora de Monterrey S.A. superó por primera vez las 100 mil toneladas de producción; sin embargo, en contraste con este aumento, la empresa presentaba un serio problema de seguridad. El hecho de ser una industria pionera trajo consigo la dificultad de contar con mano de obra especializada para el uso de la herramienta y maquinaria que en ella se utilizaba.

23. Casa de Calderas

A pesar de haber transcurrido casi tres décadas del inicio de sus operaciones, los accidentes laborales eran frecuentes. Así lo evidencian los cuestionarios utilizados por la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo para registrar los accidentes laborales.[1] Entre el 1 de enero de 1930 hasta el 12 de junio de ese mismo año se contabilizaron en la fundidora 630 accidentes laborales (véase gráfica 1), es decir, casi 4 accidentes por día.

Gráfica 1

A ese ritmo, la cifra total de accidentes en ese año pudo haber rondado en más de 1200. Si se considera que para ese entonces la fundidora contaba con 2400 a 2500 obreros, es posible estimar que uno de cada dos obreros estaba expuesto a sufrir un accidente laboral anualmente.

De ser correcta esta estimación, los accidentes en Fundidora Monterrey representaron el 5.64 por ciento de los ocurridos a nivel nacional en el año de 1929 (21,253), y el 9 por ciento en 1931 (13,220).[2] Más aun, si se compara el número de accidentes registrados en otras empresas locales del mismo ramo en 1926, como Asarco y Peñoles, y de otras ramas de la industria como la Cervecería Cuauhtémoc y Tranvías Luz y Fuerza, de acuerdo con la estadística recabada por el ayuntamiento de Monterrey en 1926, la diferencia es muy notoria.

Tabla 1

Como se aprecia en la gráfica, los accidentes laborales de la fundidora en 1930 fueron diez veces superiores a los de las empresas del mismo ramo, Asarco y Peñoles, mientras que riesgo profesional –daño potencial propio del trabajo-, considerando el número de trabajadores, era del 48 por ciento, que contrastaba con el 17 y 10 por ciento de Asarco y Peñoles, respectivamente.

Tipos de lesiones sufridas por los trabajadores del acero y aproximación a las causas de los accidentes laborales

Dentro de la Fundidora Monterrey, la probabilidad de sufrir un accidente variaba según el departamento y la actividad realizada por los obreros. Con base en los cuestionarios se enlistaron 20 departamentos, siendo el de Laminación el que requería el mayor número de operarios (452), mientras que el de Carpintería requería el menor número de brazos con 12.

El departamento con el mayor número de accidentes fue el de Laminación con 90, seguido el de Aceración con 30,  Embarques con 27 y Alto Horno con 19. El de mayor  riego respecto al número de obreros en cada departamento, fue el de Aceración, cuyo porcentaje de accidentalidad fue de casi el 23 por ciento, por encima del 21.50 y 19.91 por ciento que registraron el de Maquinaria y el de Laminación.

Por otra parte, de las 48 ocupaciones,[3] la que tuvo el mayor índice de accidentes fue la de peón con 64. El peón, equivalente al ayudante general, era empleado en diversas actividades; por ejemplo, se ocupaba de vaciar los carros con fierro en el departamento de Tráfico, o cortes en el departamento de Embarques. En ese sentido no es de extrañar que encabezara la lista de ocupaciones con mayor riesgo.

Grrafico 2

Ahora bien, el tipo de lesiones más comunes eran las contusiones y las quemaduras. La gráfica 3 muestra que las contusiones se presentaron en el 33 por ciento de los casos (110 ocasiones), seguido por las quemaduras, 27 por ciento, y un poco más atrás las heridas por machacamiento con el 19 por ciento.

Gráfico 3

Pero ¿cuáles eran las principales causas de los accidentes? Responder a esta pregunta no es sencillo debido a que las descripciones de los accidentes son breves y, especialmente, por las múltiples causas de los mismos. Sin embargo, es posible utilizar la siguiente clasificación: 1) acto inseguro o error humano; 2) falta de equipo de seguridad u omisión de su uso; 3) condiciones peligrosas de instalaciones y maquinaria. El resultado de la clasificación elaborada se muestra la siguiente gráfica 4.

Gráfico 4

Los criterios tomados en la elaboración de la gráfica se explican a continuación. En primer lugar, en los casos donde la causa principal del accidente se derivó de un acto peligroso, es decir, descuido y distracción del operario, se agruparon los accidentes como el siguiente:

El obrero Victoriano Macías se ocupaba en compañía de otros obreros en cargar un carro con varillas de fierro, una de las veces que levantaba unas varillas, le picó sin fijarse, a otro obrero que iba delante y este a su vez, al sentir el piquete, soltó las varillas que cargaba pegándole al obrero Macías en el pie derecho.[4]

Los casos incluidos en el segundo grupo, falta de equipo de seguridad, se tomó en cuenta las cortaduras, contusiones y quemaduras que pudieron haberse evitado con el uso de casco lentes, guantes y zapato industrial, por ejemplo:

El operario Natividad Loera trabajaba como ayudante de maquinista en el Dto. de Tornillos y Remaches, ocupándose en meter varillas calientes a la máquina de hacer clavos de F.C. Una de las veces que metía una, saltaron varias cáscaras de fierro cayéndole una de éstas en el ojo derecho.[5]

Por último, los relacionados con las instalaciones y maquinaria se colocaron aquellos casos en donde los accidentes se debieron a los riesgos inherentes al trabajo de una fundición, como la maquinaria, materia prima inestable y objetos pesados, entre otros, como en el siguiente accidente:

El obrero Bernardino Salinas trabajaba como mayordomo del Dto. de Aceración. En esos momentos se estaba vaciando el horno no. 2 con acero fluido en una tina, al encontrarse parado frente a dicha tina, despidió el canal del horno varias chispas y gotas de acero, cayéndole en el pie.[6]

22. Bessemer

De la clasificación realizada arriba se puede llegar a la siguiente conclusión: cuando menos 2/3 partes de los accidentes se debieron a las condiciones peligrosas de la planta productiva, mientras que el resto se debió a actos peligrosos de los trabajadores. Lo anterior se contraviene con los resultados de otros estudios sobre la materia en los que se afirma que más del 80 por ciento de los accidentes se deben a actos humanos inseguros, el 10 por ciento por condiciones peligrosas y el resto por causas imposibles de prever.[7]

Ahora bien, ¿qué costo representó para la compañía estas lesiones? Para calcular el monto del gasto realizado por la empresa, es necesario sumar el costo de la indemnización, los medicamentos (los cuales eran proporcionados por la empresa) y el salario del trabajador que remplazaría al lesionado, el costo final sería de 14,290.78 pesos, sin contar los costos no asegurados, dentro de los cuales se enumeran el tiempo perdido por el personal de la empresa que, ya fuera por curiosidad o por ser parte de sus actividades, suspenden sus labores para atender el accidente, el posible daño a la maquinaria y/o herramientas, reducción de la productividad y conflictos laborales, entre otros.[8]

27. Molinos comerciales

De acuerdo a los datos recuperados, la empresa desembolsó el equivalente a 2484 días en salarios que iban de 1.20 a 10.83 pesos, lo cual arroja un total de 14,290.78 pesos. Si se multiplica esa cantidad por 4.89, considerando la estimación de accidentes calculados inicialmente para el año de 1930 y el resultado, a su vez, se multiplica por cuatro con el fin de añadir el costo que representan los riesgos no asegurados, el monto por concepto de indemnización y gastos médicos ascendería a casi 280,000 pesos.

Si bien esta cifra no parece ser muy significativa –cerca del 2 por ciento del valor de la producción de ese año, que fue superior a los 15 millones de pesos-, si representó una señal de alerta para la empresa, principalmente por los conflictos laborales que podían surgir de los mismos.

24. Casa de Vaciados

Comentarios finales

La difusión de una cultura de la prevención de accidentes no marchó a la par del acelerado crecimiento industrial de Monterrey que comenzó en la última década del siglo XIX. Si bien hubo organizaciones mutualistas de trabajadores para cubrir las necesidades básicas de los afiliados en caso de incapacidad parcial o permanente, leyes como la de Accidentes de Trabajo de 1906, y el artículo 123 de la Constitución de 1917, no fue sino hasta  la promulgación de la Ley Federal del Trabajo en 1931, en la que se hicieron esfuerzos más significativos para la prevención de accidentes y para amparar a los obreros en caso de sufrirlos.

Como se pudo apreciar en este estudio, la fundidora presentaba cifras elevadas de accidentes por lo que trató de reducir su número mediante la campaña de prevención. Sin embargo, las medidas preventivas no resuelven por sí solas los riesgos profesionales, ya que se requiere también la modernización de las instalaciones y maquinarias, pues no basta contar sólo con obreros calificados y precavidos. Así lo evidenció el trágico accidente ocurrido en 1971 en el que murieron 17 obreros, derivado de una falla mecánica.[9]

FUENTES

[1] Las gráficas en este trabajo, a excepción de la número dos, fueron elaboradas con base en los 343 cuestionarios sobre accidentes laborales. Gracias a que los cuestionarios estaban foliados, fue posible saber el número de accidentes registrados hasta el 12 de junio de 1930 a pesar de que estuvieran incompletos. Archivo General del Estado de Nuevo León, Fondo Industria, Comercio y Trabajo, caja 3 y 4.

[2] RAJCHENBERG SZNAJER, Enrique, “De la desgracia al accidente de trabajo. Caridad e indemnización en el México Revolucionario”, en Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, UNAM, Semestral, 1992, V. 15, p. 111.

[3] Por cuestiones prácticas se optó por agrupar en una sola categoría la ocupación de ayudante, aunque los cuestionarios registran 19 tipos de ellos.

[4] AGENL, Departamento de Industria, Comercio y Trabajo, caja 3, Cuestionario sobre Accidentes de Trabajo número 198, Monterrey, 18 de febrero de 1930.

[5] AGENL, Departamento de Industria, Comercio y Trabajo, caja 4, Cuestionario sobre Accidentes de Trabajo número 629 Monterrey, 12 de junio de 1930.

[6] AGENL, Departamento de Industria, Comercio y Trabajo, caja 4, Cuestionario sobre Accidentes de Trabajo número 514, Monterrey, 12 de mayo de 1930.

[7] RAMÍREZ CAVASSA, César, Seguridad Industrial, México, Limusa, 1986., p. 23.

[8] Hernández Zúñiga, Alfonso, Malfavón Ramos, Nidia I, Fernández Luna, Gabriela, Seguridad e higiene industrial, México, Limusa, 2012, p. 33.

[9] OVALLE, ESTEBAN, Mártires de Fundidora –crónica de una tragedia casi olvidada-, Monterrey, UANL, 2002, pp. 6-7.

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