La Banca en Monterrey, una historia por escribirse | César Morado

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En la actualidad Monterrey es un centro de una actividad bancaria y financiera de primer orden, sin embargo, adolece de un buen trabajo de investigación que ofrezca una visión de conjunto y nos explique ¿cuáles fueron las condiciones históricas que hicieron posible la emergencia de actividad bancaria?, ¿cuál fue el rol de la banca frente al desarrollo industrial? ¿Quiénes fueron los actores que con su trabajo hicieron posible las bases del desarrollo actual? Acaso contamos con ediciones conmemorativas del Centro Bancario de Nuevo León[1] y algunos ensayos aislados, pero hace falta una investigación más exhaustiva. Enumeramos posibles etapas de un posible abordaje.

a) Comercio, letras de cambio y dinero antes de la banca, 1850 – 1892

Aunque existen algunos trabajos aislados como el de Mario Cerutti publicado en España[2] en una obra que pretendía en su conjunto enfocar la atención sobre la evolución histórica de las diversas políticas bancarias y financieras que influirían en el establecimiento de bancos centrales modernos en los distintos países de uno y otro lado del Atlántico, hace falta una lectura de largo plazo. Este ensayo es muy valioso porque el surgimiento de la banca  regiomontana suele ubicarse en 1892, omitiendo toda la riqueza de transacciones económicas efectuadas con anterioridad. La explicación que brinda acerca de la laicización del crédito y la consolidación de una élite de comerciantes prestamistas que luego serán banqueros es esencial para entender el posterior desarrollo financiero protagonizado por hijos, nietos o familiares cercanos de estos protagonistas.

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Billetes del Banco de Nuevo León. Colección Fotográfica CIEN ©®

Hace falta también explotar las fuentes documentales para la historia financiera de Monterrey, mereciendo especial atención el acervo notarial que resguarda el Archivo General de Nuevo León, particularmente los protocolos notariales de Bartolomé García, Tomás  Pacheco y Francisco L. Pérez, donde aparecen y llaman fuertemente la atención la gran importancia que adquirieron las letras de cambio o libranzas durante el periodo 1850- 1890.  Sin duda, la gran difusión del uso de la letra de cambio a nivel regional obedeció a las necesidades de circulación mercantil y monetaria, también un signo de los cambios que se estaban operando en  la economía de la época.

Su reiterada aparición en los documentos notariales demuestra que tenía como funciones realizar pagos en otras plazas,  cambios de moneda y ser un instrumento de crédito, como queda de manifiesto a partir de los protestos que eran los mecanismos legales de reclamo por las letras no pagadas.  En función de estas numerosas referencias se podría decir que las letras de cambio fueron un documento de crédito a la circulación mercantil que permitió diferir pagos y realizarlos utilizando las cuentas corrientes de diversos comerciantes.  De esta manera el pago en moneda efectiva se efectuó en la fase final de la cadena de endosos, consecuentemente, la letra respondía no solo a las necesidades de circulación mercantil, sino que también fue un instrumento de dominio económico de ciertos grupos que pudieron pagar con créditos y acumular deudas endosadas a su favor para recibir pagos en metálico[i].

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Billetes del Banco de Nuevo León. Colección Fotográfica CIEN ©®

b) Del surgimiento de los bancos a la revolución, 1892 – 1913.

Entre 1890 y 1910 ocurrió en Monterrey un significativo desarrollo económico que se conoce como “primer auge industrial”, en el cual el surgimiento de las primeras tres plantas metalúrgicas de América Latina (1890) y primera siderúrgica  (1900) sumado a la industria cervecera, cementera y del vidrio favorecieron el surgimiento de dos instituciones bancarias locales: el Banco de Nuevo León en 1892 y el Banco Mercantil de Monterrey en 1899.

¿Qué fue primero, la banca o la industria? Cerutti es muy cauto  al discutir el problema del desarrollo industrial y desarrollo bancario.  Advierte que costaría mucho trabajo demostrar que el brote fabril de Monterrey fue fruto del crédito bancario.  Sostiene atinadamente, que en el mejor de los casos queda evidenciado que quienes se lanzaron a la aventura inversionista de los noventa exploraron simultáneamente ambas vertientes, la fabril y la financiera[ii].

Otro rubro que tampoco debemos omitir en el análisis de la realidad financiera del periodo, es el caso del crédito parabancario.  En el ensayo citado se demuestra como la instalación de bancos en Monterrey no eliminó, ni debilitó el funcionamiento crediticio de los negociantes y casas mercantiles que cumplían tareas prebancarias desde los años setenta del siglo XIX.  Estas seguían brindando refacciones a los agricultores, productores urbanos y empresarios mineros.[3]

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Billetes del Banco de Nuevo León. Colección Fotográfica CIEN ©®

c) Crisis fiduciaria y reestructuración bancaria, 1913 – 1925.

 Con el movimiento revolucionario iniciado en 1910, pero que llega en forma armada a Monterrey hasta 1913, la incipiente estructura bancaria y el mercado financiero desarrollado durante el porfiriato prácticamente se paralizaron.  En Monterrey las casas bancarias jugaron entonces un rol fundamental, la de Guillermo López (1913), Ramón Elizondo (1914), Sada Paz Hermanos (1916) y Adolfo Zambrano e Hijos(1917) debido a la incautación de los bancos principales que comenta Ricardo de León Tallavas[iii].

El gobierno constitucionalista había estudiado la reestructuración del sistema bancario y con la creación de la Comisión Reguladora e Inspectora de Instituciones de Crédito pretendía determinar si se apegaban o no al cumplimiento de la ley en 1897, que les imponía una rígida correspondencia entre su reserva y la emisión de billetes.  Con ese pretexto, el Banco de Nuevo León y el Mercantil de Monterrey fueron incautados en 1916.

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Billetes del Banco de Nuevo León. Colección Fotográfica CIEN ©®

La recuperación de la banca regiomontana y su lucha contra los “bilimbiques” no sería fácil. Afortunadamente para los banqueros regiomontanos[4] los gobiernos sonorenses instrumentaron una inteligente política de concertación con la comunidad financiera, propiciando con ello la reconstrucción del sistema bancario sobre nuevas bases.  Su preocupación fundamental giró en torno a poder crear una estructura institucional sobre la que operara el nuevo sistema de moneda y crédit. Bajo ese contexto se verían favorecidos la Compañía Mexicana de Préstamos Acumulativos fundada en Monterrey en 1922 y el Banco Comercial de Monterrey en 1927, además de la reestructuración de los dos principales surgidos en el profiriato.

Evidentemente en el proceso de reestructuración de la banca regiomontana jugarían un rol importante la visión política y financiera de Aarón Sáenz inserto en el grupo de poder sonorense y desde luego la óptica de Manuel Gómez Morín vinculado al Grupo Monterrey, diseñador en gran parte del proyecto de Calles para establecer la banca central, que se impuso sobre otros proyectos y se hizo ley a partir de 1925.  La suma de estos tres elementos y la propia visión de los banqueros reyneros hace posible su integración a través del Centro Bancario de Monterrey fundado también en 1925.

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Billetes del Banco de Nuevo León. Colección Fotográfica CIEN ©®

d) Centro Bancario, crisis mundial y la Sociedad General de Crédito , 1925 – 1933

La presencia política de Aarón Sáenz, la visión financiera de Manuel Gómez Morín, el surgimiento del Banco de México y el peso específico de una élite bancaria que emergía de una revolución sin grandes trastornos económicos hizo posible la creación en Monterrey del primer Centro Bancario del país[5].

Consignando como sus fines el unificar criterios de operación, la resolución de problemas e intereses comunes, la solidaridad y compañerismo entre sus asociados ha sido desde hace 90 años la voz autorizada de la banca regia en momentos esenciales de la vida de México.

No podemos entender la reestructuración bancaria regional sin ver el rol jugado por la banca central.  Este banco al comenzar sus operaciones se sostuvo bajo la vieja estructura bimetálica del régimen bancario porfiriano, no obstante que como banco de emisión iba ganando la confianza de un significativo sector social. Como banco comercial, su desempeño fue peculiar al realizar funciones muy cercanas a las que caracteriza a una sociedad financiera. Su cartera de crédito comercial estaba compuesta por algunos extranjeros, de la naciente clase política, entre los que sobresalen Alberto J. Pani, Luis Cabrera, Aarón Sáenz y Plutarco Elías Calles.  Estos últimos con grandes intereses en Nuevo León donde ejercían gran influencia.

Estos importantes vínculos han quedado evidenciados con el trabajo de Francisco Javier Rodríguez Garza sobre la relación de “SOFIMEX y el Grupo Monterrey” donde se evindencía el rol de Manuel Gómez Morín en el restablecimiento del mercado de dinero en México y su influencia en Monterrey[6]. Resulta significativa la propuesta de fusionar Cervecería Cuauhtemoc y Moctezuma, en los años treinta, visualizada 60 años antes de que se pudiera instrumentar dicha operación.

Antonio L. Rodríguez
Billetes del Banco de Nuevo León. Colección Fotográfica CIEN ©®

 e) De la crisis mundial a la Bolsa de Valores de Monterrey, 1933 – 1950.

Por problemas de periodización e impacto de la crisis mundial en Monterrey, este apartado comienza con la aplicación de la ley para regular los instrumentos de crédito (1931) y finaliza cuando la moneda fiduciaria, después de la crisis de la plata (1933-1934) se vuelve de circulación obligatoria (1935) bajo las medidas del entonces secretario de Hacienda Don Narciso Bassols.  Sería hasta 1935 cuando vería su fin el bimetalismo y los billetes irían adquiriendo obligatoriedad, además de confianza.

Para visualizar la consolidación de la banca regiomontana en este período recomendamos el trabajo de Tomás y Rodrigo Mendirichaga[7], quienes lo publicaron en 1937 con prólogo de Antonio L. Rodríguez superando lo escrito anteriormente por el Dr. Ignacio Martínez Jr. en 1959 y Eduardo Martínez Celis en 1926.  Este texto desde entonces se ha convertido en referencia obligada para ver el desarrollo bancario de Monterrey en este periodo histórico.

Destaca evidentemente el surgimiento de numerosas instituciones bancarias y aseguradoras, entre ellas la aparición de la Bolsa de Valores de Monterrey, que realizó operaciones desde 1950, fecha de su fundación hasta 1974, en que por disposición de la Secretaría de Hacienda cesó sus operaciones.

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f) Del auge bancario a la Constitución de SERFIN, 1950 – 1970.

Durante estas dos décadas florecieron numerosas instituciones nuevoleoneses que realizaban actividad bancaria, financiera y de servicios conexos. La emergencia de Servicios Financieros Integrados al filo de los años setenta es el parteaguas para hablar de otra etapa del desarrollo financiero regional y del rol desempeñado en él por el Grupo Monterrey. Se formó toda una élite profesional experta en las prácticas bancarias que daba gran confianza a los usuarios, no solo de gerentes de sucursal sino en muchos niveles.

Al respecto recomendamos el ensayo de Mario Ramón Beteta sobre la trayectoria de Rodrigo Gómez[8] porque creemos que su apoyo y gestión como director del Banco de México favoreció el desarrollo de los banqueros nuevoleoneses[9]. El establecimiento de la banca mútiple no fue fácil para quienes apostaban por la especialización, pero esta finalmente logró predominar.

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 g) Nacionalización, privatización y apertura del sector financiero

Desde mediados de los años 80 y bajo el incentivo de la Ley de Sociedades de Fomento expedida en 1973 que les reducía impuestos importantes, la industria regiomontana se agrupó en corporativos. Los más importantes de ellos fueron ALFA, VISA, VITRO, CYDSA, CEMEX, IMSA, Protexa, Pyosa y Proeza. El crecimiento de la industria local continuó, a pesar de que en el contexto internacional se vivía la crisis del petróleo y la consecuente desaceleración del crecimiento económico en los países industrializados (1974-1975). Además, esta primera mitad de la década estaría marcada por el enfrentamietno del empresariado regiomontano con el presidente Luis Echeverría.

Estos reclamos sociales y empresariales eran parte del agotamiento del modelo económico y político que había sido incapaz de resolver las demandas de una emergente clase media urbana. Aparecieron una serie de circunstancias negativas: la inflación, el endeudamiento externo, la desconfianza empresarial y la guerrilla urbana rematarían con la devaluación de 1976; la primera que se daba después de décadas de estabilidad del peso mexicano frente al dólar (la paridad pasó de 26 a 47 pesos por dólar).

Para resolver la crisis económica, México recurrió a la intensiva explotación del petróleo desde 1977 y hasta 1981. El presidente José López Portillo (1976-1982) renovó la confianza con el empresariado local a través de un pacto firmado en 1977, denominado “Alianza para la Producción”. Así los empesarios tuvieron acceso al crédito público y extranjero para apoyar sus empresas. Sin embargo, la expansión de la industria local se frustró con la cisis económica. La caída de los precios del petróleo, la devaluación del peso frente al dólar; la moratoria  en el pago de la deuda externa y la nacionalización de la Banca representaron duros golpes para la economía mexicana y también para Nuevo León. Tanto el gobierno como las empresas privadas tenían créditos contratados en dólares, por lo que la devaluación de 1976 los puso en grave riesgo.

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Uno de los aspectos más dolorosos para el empresariado nuevoleonés fue la nacionalización de la Banca en 1982, ya que de los múltiples bancos expropiados por el gobierno, siete tenían su sede en Monterrey: Banca Serfín, Banpaís, Banco Mercantil del Norte, Banco Regional del Norte, Banco Monterrey, Banco Popular y Bancam.  Para 1990, durante el gobierno de Carlos Salinas, cuando se anunció que el gobierno vendería los bancos, los exbanqueros regios rápidamente se organizaron. Un grupo de empresarios encabezados por Eugenio Garza Lagüera compró Bancomer, otro al mando de Adrián Sada controló Serfín, hizo lo propio Jorge Lankenau adquiriendo Confía y Roberto González con Banorte. Fue un momento estelar para la Banca local a juzgar por el control accionario que lograron tener de la banca mexicana.

Una vez que se sanearon los bancos y se recuperó la normalidad, sobrevino el proceso de apertura a la inversión extranjera en el sector financiero y por lo que los banqueros nuevoleoneses perdieron el control accionario de Banca Confía que pasó a Citibank, Banca Serfín fue adquirida por el banco español Santander,  y Bancomer fue fusionado al gigante español Banco Bilbao Vizcaya. Después de este proceso, sólo Banorte (adquirió IXE en 2010) Afirme y Banregio continuaron la tradición de la banca nuevoleonesa, una historia que bien vale la pena escribir.

FUENTES

[1] Vease Gonzalo Blanco y César Morado. Centro Bancario de Nuevo León. 75 Aniversario. Monterrey. Centro Bancario de Nuevo León. 2000. Estudio introductorio de Israel Cavazos.

[2] Cerutti, Mario.  “Banca, Comercio e Industria en Monterrey, 1850 – 1920” en Pedro Tedde y Carlos Marichal, Coordinadores.  La Formación de los Bancos Centrales en España y América Latina.  Siglos XIX y XX.  Volumen V.  España y México.  Madrid, España.  Edición del Banco de España.  Servicio de Estudios de Historia Económica, No. 29. 1995.  pp. 179 – 220.

[3] Sobre financiamiento bancario a empresarios mineros ver Morado Macías, César.  “Economía Minera en torno a Monterrey.  Primeras industrias metalúrgicas  de América Latina”.  Ponencia presentada en el IV Congreso Mundial de Minería.  Denver, Colorado, E.U.A. 1994.  85 p.

[4] Zebadúa, Emilio.  Banqueros y revolucionarios, 1910 – 1925.  México.  Edición del Colegio de México y Fondo de Cultura Económica.  1995.  218 p.

[5] Centro Bancario de Monterrey, Edición Conmemotativa del 50 aniversario de su fundación.  Monterrey, México.  1975.  317 p.

[6] Rodríguez Garza, Francisco Javier.  “El restablecimiento del Mercado de Dinero en México: La Sociedad Financiera Mexicana”.  En Leonor Ludlow y Carlos Marichal Compiladores.  Op. Cit. en nota 2. pp. 482 – 499.

[7] Mendirichaga Tomás y Rodrigo.  La banca en Monterrey, Apuntes para su historia.  Monterrey, México.  Edición privada de Sociedad General de Crédito.  1973.  98 p.

[8] Ramón Beteta, Mario.  “Don Rodrigo:  Su estilo, su tiempo” en Rodrigo Gómez: Vida y Obra.  Varios autores.  México.  Edición del Banco de México y Fondo de Cultura Económica. 1991.  pp. 17-41.

[9] Rodrigo Gómez  y la integración económica de América Latina”.  Selección de textos de Eduardo Turrent.  En Rodrigo Gómez Vida y Obra.  Op. Cit. en nota 10.  pp. 286 – 299.

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