Luis Santos de la Garza: el archivo personal de un constructor de ciudadanía | César Salinas

Discurso en la Ceremonia de recepción del Archivo Luis Santos de la Garza al Centro Eugenio Garza Sada, Monterrey, Nuevo León, México, 27 de noviembre de 2015


13

En septiembre de 2015, Luis Santos de la Garza acordó la donación de sus documentos al Centro Eugenio Garza Sada; hoy estamos aquí para ratificarla y hablar sobre su archivo personal. Antes quiero exponer la relevancia de los esfuerzos del CEGS en recopilar y conservar materiales históricos relacionados al desarrollo económico y social del norte de México.

¿Vale la pena reunir y conservar papeles viejos, considerando el costo y trabajo que conlleva? Me lo han preguntado mucho. Mi respuesta es simple: no somos simples acumuladores de nostalgias y apegos, sino que los acervos del Centro tienen como objetivo contribuir al desarrollo humano a través de promover a la sociedad mexicana, ideas, valores y ejemplos modélicos que forman parte de nuestra identidad, y que nos hicieron sabios en el pasado.

Cicerón propuso que la historia era una Maestra de Vida (Magistra Vitae), y otros que lo precedieron le reconocieron la misma función, aunque esto ha sido duramente criticado. Actualmente sería difícil sostener esta tesis, de la mano de quienes aseguran que los años nos hacen más viejos pero no más sabios, y que la experiencia, aun bien aprendida, es incapaz de evitar que cometamos errores.

Sin embargo, la historia no es una causa perdida. El ser humano es indudablemente complejo, pero su formación depende de lo que ha aprendido y ahí la historia tiene mucho que decir. En mi opinión, la historia es el único medio por el cual el miembro de una sociedad puede conocer la experiencia de sus antecesores.

Refiriéndonos a Monterrey, la historia puede responder a ciertas preguntas: ¿cómo crearon la industria, el comercio, los negocios? ¿En qué beneficiaron a la comunidad? ¿Qué estrategias funcionaron en el campo político y social? ¿Cómo superaron las crisis? ¿Qué valores tenían y cómo los difundieron? ¿Qué hicieron para que la sociedad sea la que es ahora? ¿Qué cambió y qué sigue igual? Y si quisiéramos ser subjetivos, ¿qué hicieron mal para intentar evitarlo? y ¿qué hicieron bien para tomarlo de ejemplo?

Esto no es una defensa romántica del pasado, sino un esfuerzo concienzudo, profesional, de intentar ser mejores, de sumar, de no dejarnos derrotar por la desidia ni por el pesimismo, alentados por lo que otros, nuestros antecesores, lograron o intentaron lograr.

La idea no lo es ajena, don Luis, pues usted mismo pronunció en un discurso en torno al 40 aniversario de la Sociedad General de Crédito S.A., que era importante poner en relieve el estilo de vida de los empresarios pioneros para las actuales generaciones, pues resulta propicio “el precedente de ese grupo de regiomontanos destacados, que ante las urgencias de su tiempo reaccionaron con valor y denuedo, apoyados en lo único que estaba en sus manos aportar, su esfuerzo constante”.[1] Y de forma más especifica escribió en 1986: “Al Monterrey de hoy se ha llegado, fundamentalmente, por el extraordinario esfuerzo de sus habitantes realizado los últimos 90 años, particularmente sus valores espirituales”.[2]

41

Esta es la importancia de la conservación documental: garantizarnos la posibilidad de acceder a los saberes, experiencias, aportes, logros, construcciones, luchas, ideas, filosofías, ejemplos de vida, errores, dudas y proyectos que otros seres humanos tuvieron. El pasado no es accesible, pero su memoria sí, y el archivo de una persona nos habla de su vida pero también de su contexto, haciendo tangible lo espiritual de sus pensamientos, sentimientos y voluntad.

De este modo, el Archivo de Luis Santos de la Garza se une a la batalla contra el olvido, y continuará lo que el abogado emprendió: formar ciudadanía, fortalecer la democracia, promover la honradez en el servicio público y en la vida cotidiana, impulsar leyes que beneficien a la sociedad y oponerse a las que no lo hacen.

El hombre y sus circunstancias

El Archivo Luis Santos de la Garza se compone por más de mil documentos, fotografías y algunos objetos. Entre ellos hay imágenes históricas, correspondencia, escritos, artículos, notas, conferencias, discursos, borradores de leyes, y otros testimonios. A través del acervo puede constatarse una prolija carrera profesional de 70 años, desarrollada en campos como la abogacía, política, bancos, organismos intermedios, clubes de servicio y consultorías.

Nos dice, por ejemplo, que Luis Santos de la Garza nació el 9 de marzo de 1922 en Piedras Negras, Coahuila, siendo sus padres Luis Santos Bernal y Jovita de la Garza. Si el hombre es él y su circunstancia, como asegura el filósofo José Ortega y Gasset, y lo acentúa el español Luis Recasens al declarar que los componentes de las circunstancias y del contorno se entretejen en la personalidad individual, hay que apuntar lo peculiar del escenario de vida en que don Luis creció.[3]

Cuatro años antes de su nacimiento había terminado la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias todavía eran palpables en el mundo, sobre todo la escasez de ciertos productos. En México la situación se resintió más debido a la Revolución Mexicana, guerra civil que costó miles de vidas, paralizó la economía y provocó importantes modificaciones a las estructuras económica, política, social y cultural del país. El conflicto desembocó en la transición de la época de Porfirio Díaz a la de figuras militares que se disputaron el ejercicio del poder de manera violenta.

Tan solo entre 1919 y 1928 fueron asesinados Emiliano Zapata, Venustiano Carranza, Francisco Villa y Álvaro Obregón, y nuevas figuras (los generales) se abrieron paso a través de revueltas y duras estrategias de control que encauzaron a través del llamado Partido de la Revolución Mexicana.

En el resto del mundo la situación también era inestable, sobre todo a partir de la Crisis Mundial de 1929 que hizo quebrar empresas, negocios y las finanzas de millones de familias, y cuyas repercusiones en México fueron palpables, sobre todo por acentuarse por la Guerra Cristera que sucedió entre 1926 y 1929. La década de 1930 fue también complicada para el país, debido a la confrontación ideológica que creó bandos irreconciliables: quienes estaban de acuerdo con la orientación socialista y quienes no la compartían.

Esta pugna generó cuarenta años de conflictos en México, presentes en todos los campos: económico, político, social, laboral, cultural e incluso educativo, especialmente con la implementación de la educación socialista entre 1934 y 1940. La Universidad de Nuevo León, por ejemplo, fue clausura debido a la lucha ideológica apenas a un año de ser creada en 1933, y entre 1934 y 1942 reabrió como una institución de orientación socialista.

Luis Santos de la Garza, abogado

1. Luis Santos de la Garza en el centro de Monterrey

Este fue el panorama en que Luis Santos ingresó a la Universidad de Nuevo León, pues desde los 2 años de edad residió en Monterrey. A pesar de la insistencia de su padre para que estudiara Medicina, resolvió ser abogado, ingresando en 1939 a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, que en ese momento se ubicaba en una casa del centro de Monterrey y tenía matriculados a más de 100 alumnos.

Ahí obtuvo el título de abogado el 2 de marzo de 1945, y conoció además a Eduardo Elizondo Lozano, quien sería su amigo y futuro socio. Joven inquieto, don Luis participó en la siguiente década en el “Programa Internacional de Cooperación Administrativa” del Gobierno de Estados Unidos, en el área de Estudio de Formación de Capitales en las ciudades de San Juan, Puerto Rico, Boston, Washington, Nueva York y Pennsylvania.

Una decisión de vida que Luis Santos tomó desde su juventud fue ejercer la abogacía de manera independiente, a pesar de las ofertas de empleo que recibió. Inició así una carrera profesional ininterrumpida que, por cierto, este 2015 cumplió 70 años. Lo anterior no evitó que compartiera su trabajo con la docencia, fungiendo como Maestro Auxiliar en el Tecnológico de Monterrey, impartiendo las Cátedras de Derecho Administrativo, Derecho Mercantil y Derecho Constitucional entre 1946 y 1952.

Después de años de experiencia, Luis Santos de la Garza fundó en marzo de 1965 un despacho jurídico, junto con Eduardo A. Elizondo Lozano y otros socios, lo que lo llevaría a ejercer la abogacía en México y en el extranjero. Miembro de una generación que construía para perdurar, cabe destacar que a medio siglo de su fundación, Santos Elizondo Abogados continúa en funciones, siendo una de las firmas legales más longevas y mejor posicionadas en el país.

27

En sus escritos, don Luis expresa un profundo respeto y cariño a su profesión, reconociendo que los mejores atributos que puede tener un abogado son:

inteligencia, capacidad, sentido de responsabilidad, honradez a toda prueba, lealtad para el cliente subordinada a no cometer nunca injusticias con la parte contraria, respeto para las autoridades, sin perjuicio de luchar denodadamente por la causa a su cargo, caballerosidad para el adversario y, en suma, una conducta apegada estrictamente a los más altos conceptos de ética profesional.[4]

La labor de don Luis no se redujo a la de su propio negocio, sino que participó activamente en la vida política, social y económica de México. Fue Consejero y asesor de empresas industriales, comerciales y bancarias; Consejero y secretario de la Cámara de la Industria de Transformación de Nuevo León (Caintra), presidente de la Bolsa de Valores de Monterrey, Presidente del Centro Patronal de Nuevo León, y vocero de los entonces grupos empresariales nuevoleoneses.

A pesar de los problemas mundiales y nacionales, Monterrey se distinguió por ser un punto de dinamismo económico encabezado por empresarios que lograron sacar adelante sus negocios. Al respecto, don Luis Santos expresó:

“No era esa época alentadora para los inversionistas”, pero los capitanes de empresa “a golpe de trabajo constante, troquelaron para darle permanentemente a nuestra región un perfil característico, moldeado a base de los siguientes factores: voluntad tesonera, austeridad, confianza en sí mismos, eficiencia, espíritu nacionalista y particularmente laboriosidad”.[5]

5

Pero la desaceleración económica a finales de los 60 y la volátil situación social y política a nivel mundial hicieron que la relación entre el gobierno y los empresarios fuera álgida y en ocasiones de franca oposición (sobre todo a partir del asesinato de don Eugenio Garza Sada). En medio de ello, don Luis Santos fue muchas veces la voz cantante de la iniciativa privada, encargado de dar un discurso o conferencia respecto a temas complejos y, hay que decirlo, también quien tuvo que asumir las consecuencias de sus palabras.

En noviembre de 1973, por ejemplo, el PAN postuló a Luis J. Prieto para alcalde del municipio nuevoleonés de San Nicolás de los Garza, quien ganó la contienda. No obstante, al Candidato del PRI se le dio el nombramiento de Alcalde electo, por lo que Luis Santos intervino, y en un caso sin precedentes en el país (casi inaudito), logró que se repusiera el procedimiento de la Junta Computadora Municipal, cancelándose la credencial extendida y otorgándosela al verdadero triunfador, el candidato del PAN.

Otro episodio fue en febrero de 1976, cuando el gobierno federal calificó de “traidores a la Patria” y “malos mexicanos” a los empresarios y comunidad de Nuevo León por la realización de un evento celebrado en Chipinque (municipio de San Pedro), en el que supuestamente habían “conspirado” y “llamado a la rebelión contra el gobierno nacional”.

La respuesta del ejecutivo federal fue rápida y áspera. Como Presidente del Centro Patronal de Nuevo León, Luis Santos propuso la necesidad de expresar personalmente al presidente Luis Echevarría la inconformidad con esa actitud. La propuesta fue aprobada y el 14 de mayo de 1976 una comitiva de empresarios y presidentes de cámaras de Nuevo León fue recibida en Los Pinos. Luis Santos fue el encargado de exponer el asunto ante un Ejecutivo Nacional que escuchó atentamente y mudó su actitud al respecto.

3

Un caso más tuvo lugar en 1962. El gobierno realizó reformas a la orientación de los planes de estudio de las escuelas, sin tomar en cuenta a los padres de familia, quienes exigieron el derecho de opinar al respecto. La inflexibilidad del Estado motivó que la oposición a las reformas se consolidara con la creación de la Unión Neolonesa de Padres de Familia, A.C., en cuya constitución intervino Luis Santos de la Garza, quien redactó los puntos de la protesta.

Tres de ellos decían:

1. “La educación de los niños es un derecho que en forma natural corresponde básicamente a los padres de familia”, 4. “No deberán implantarse o modificarse los sistemas educativos, sin dar previamente a los padres de familia la oportunidad de que los conozcan y de que, a través de sus órganos auténticamente representativos, hagan las observaciones pertinentes para que sean tomadas en cuenta”, y 5. “Toda actitud oficial que contraríe nuestros postulados, merecerá el repudio de los padres de familia. Si en otros campos de la actividad social mexicana se han observado actitudes de resignación o conformismo, en lo que atañe a la educación y formación de nuestros hijos, enfáticamente declaramos que no admitiremos ni toleraremos ningún acto que pretenda desconocer el derecho de los padres para educar a sus hijos”.

El asunto no quedó en palabras, sino que el abogado participó en la organización de la manifestación más grande que había visto Nuevo León hasta entonces, celebrada el 2 de febrero de 1962 con la asistencia de más de 300,000 nuevoleoneses que protestaron ante el cambio de los planes de estudio.

Los episodios mencionados revelan que la labor de Luis Santos de la Garza no se restringió a juzgados y litigios, sino que fue una participación social activa, inquieta, concienzuda, crítica, propositiva y en muchas formas combativa. Su trayectoria lo llevaría a formar parte de asociaciones como Inter-American Bar Association, Barra Mexicana; Colegio de Abogados, Asociación Nacional de Abogados de Empresa, Sección Monterrey; Academia de Derecho Fiscal de Nuevo León, A.C. y otras asociaciones civiles que ayudó a conformar o presidir desde una época en las que las OSC eran pioneras en México. Fue así como obtuvo la Prima de Derecho “José Alejandro de Treviño y Gutiérrez 1824-2001”, otorgada por la Facultad de Derecho y Criminología de la UANL y la presea al Mérito Cívico “Estado de Nuevo León” en las ediciones 2003 y 2004.

6

La carrera política

Pero don Luis no solamente destacó como abogado, pues también tiene una larga carrera política. Como él mismo lo expresó en una carta a Santiago Roel Jr., consideraba que el origen de la Revolución Mexicana de Francisco Madero fue la necesidad de democracia y la creación de un auténtico partido político.

Aunque el partido “oficial” aseguraba haber surgido de la Revolución y representar sus objetivos, al joven Santos de la Garza le pareció que no cumplían con lo que el país ameritaba, pues se requería una revolución auténtica, pero pacífica y estructural, por lo que decidió navegar contracorriente en el escenario político al inscribirse en enero de 1941, con apenas 18 años (menor de edad entonces), al recién creado Partido Acción Nacional, respondiendo al llamado de quien llegó a convertirse en su amigo, Manuel Gómez Morin.

El propio Luis Santos nos cuenta por qué tomó esa decisión de vida a la que dedicaría más de tres cuartas partes de su existencia:

Tomé esa decisión, después de haber asistido a algunas conferencias de los fundadores del Partido que surgía, no con motivo de un inmediato proceso electoral para apoyar a un candidato a presidente de la república, como solía acostumbrarse, sino con una sólida doctrina social, como resultado de una responsable reflexión y análisis de un grupo irrepetible de jóvenes mexicanos idealistas, la mayor parte profesionistas y en especial abogados, de origen clase media, provenientes de distintos estados de la república, cuyas características coincidentes eran su generosidad, su inteligencia y un sentido de responsabilidad social para con la patria. Todos ellos, con don Manuel Gómez Morin a la cabeza, se encargaron, con su mensaje y actuación, de barbechar, sembrar buena semilla y fertilizar el campo cívico de México, entonces abandonado. Confieso que el mensaje que transmitían por todos los rumbos del país, no sólo me interesó, sino que me sedujo. Así ingresé yo al PAN al que lo veía como un espacio para actuar como un hombre libre.[6]

Gómez Morin, ese “ciudadano que sigue presente” al que se refiere Luis Santos en el libro biográfico que escribió sobre el fundador del PAN, tuvo una importante relación con los empresarios y profesionistas de Monterrey, y su mensaje “caló hondo” entre ellos, formando parte esencial de su partido como lo hiciera don Luis. Desde el punto de vista de Santos de la Garza, el PAN debía limpiar la vida política de México, hacer que el voto se respetase e incorporar a la mujer a la lucha cívica.[7] [Nota al margen: una parte del archivo Manuel Gómez Morin será agregada a los acervos del Centro el año próximo].

No debió ser fácil para don Luis y su generación competir contra el partido en el poder, ni dedicar tiempo y esfuerzo a contiendas desiguales en las que no solamente debían obtener el triunfo, sino luchar para que se los reconocieran. Por ejemplo, en 1943 el abogado impugnó el cierre indebido de una casilla en el municipio nuevoleonés de Hidalgo, pero su alegato legal fue vencido por un poderoso argumento: la pistola que el representante del PRI puso sobre la urna.

La desilusión ante los fraudes electorales lo llevó a pensar en ya no postular candidatos, pero Gómez Morin lo amonestó diciéndole: “no se puede pasar del no voto al voto respetado, sin pasar por el voto violado”.[8] Entendió entonces que se peleaba no por el poder, sino por el civismo y la democracia.

Así, Santos de la Garza se unió a esa acción nacional de “mover las almas”, involucrándose a fondo en el PAN, a quien reconocía como “una escuela de democracia”[9], sumándose por considerarlo un deber patrio que tenía la intención de “hacer algo por México”. Esto, por supuesto, lo llevó a ganarse y tolerar genéricos motes de “conservador”, “reaccionario”, “oposición”, o el que le acuñó Santiago Roel: “mago porfiriano con sombrero de copa”.

Con el tiempo decidió entrarle al ruedo, “exponiéndose a los golpes y cornadas”, y ocupó algunos puestos como síndico en el Ayuntamiento de San Pedro Garza García (1974-1976), diputado de LXIV Legislatura del Estado de Nuevo León (1985-1988), regidor en el Ayuntamiento de Monterrey (1992-1994), senador de la República (1997-2000), consejero nacional del Partido Acción Nacional (1998-2001) y asesor del consejero jurídico del Ejecutivo federal (desde 2000).

19

La frase del fundador del PAN sintetiza el pensamiento de quienes se acercaron a esta bandera: “Las ideas y los valores del alma son nuestras únicas armas; no tenemos otras, pero tampoco las hay mejores”. Con esas armas estaba equipado Luis Santos de la Garza: la palabra escrita, su discurso de orador, la ley y el afán de cumplirla y su voluntad que demostró ser de una sola pieza al no ceder ante las presiones del poder, siendo un duro crítico del régimen, y en ocasiones también de su propio partido.

Al respecto, en diciembre de 1962 escribió a Santiago Roel:

Es falso que yo ataque al Gobierno, salvo que consideres ataque la expresión, sincera y fuera de todo interés material, de mi opinión sobre algunos aspectos sociales de nuestra patria. Siempre he pensado que contribuye más a la conquista del sistema democrático que nuestra Constitución establece, la manifestación leal de ciertos criterios independientes, aunque discrepen de los oficiales, que adoptar una convencional actitud de mansedumbre y sumisión frente al gobierno.[10]

A manera personal no definiría a don Luis como el típico partidista abnegado (por no decir cegado) ante la línea de las cúpulas, sino como un militante convencido de los principios del Partido y un crítico (y autocrítico) de las acciones de quienes se asumen como correligionarios. En este sentido noto que tiene cierto desencanto por algunos aspectos del PAN, pues desde 1994 se dio cuenta del surgimiento de actitudes inapropiadas en algunos miembros del organismo político, que en últimas fechas constituyeron para él una franca decepción por el pragmatismo de las nuevas generaciones. Ante ello, don Luis ha expresado la misma postura: “a la patria se le defiende y se le prestigia con la verdad”.[11]

Pero desde entonces no encubrió sus críticas al propio partido, recibiendo exhortaciones y quejas de sus propios compañeros. En julio de 1999, Luis J. Prieto le escribió: “mucho me han extrañado algunas actitudes que has manifestado frente al Partido, que en cierta forma dejan duda de tu aceptación a las decisiones que se toman por la autoridad del Partido y por funcionarios panistas que ejercen un puesto público”.[12] Por lo mismo, lo instaba a obedecer a las autoridades panistas y a no hacer públicas sus inconformidades.

La respuesta de Santos de la Garza fue contundente:

Tienes toda la razón, muchas decisiones tomadas por la autoridad del PAN o por funcionarios panistas que ejercen un puesto público… no las he aceptado porque, en conciencia, no las he considerado legales o correctas. Nunca he tenido vocación… de someterme frente a autoridades, incluyendo las del Partido, cuando creo que no tienen razón. Tengo mis ideas y convicciones propias y las expreso con libertad… He creído que en nuestro Partido, la crítica, de buena fe por supuesto, ayuda más que una interesada sumisión.[13]

Como oposición también tuvo gestiones relevantes. Siendo diputado en Nuevo León, por ejemplo, impugnó la Ley Electoral (Ley Fraude) expedida el 27 de mayo de 1987 ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (OEA) denuncia identificada como Caso 10.180 (México) logrando, con la ayuda de los otros tres Diputados del PAN, que por unanimidad la CIDH declarara el 22 de febrero de 1991 procedente la Denuncia, resolviendo que dicha Ley era violatoria de los derechos humanos en materia política y de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José) suscrito por México.

El Gobierno Federal, a pesar de su renuencia, acató la recomendación de la Comisión, y el Presidente mexicano y los cuatro coordinadores de los Grupos Parlamentarios del Congreso de la Unión presentaron a la Cámara de Diputados una Iniciativa de Reformas a la Constitución Mexicana que implicaron el cumplimiento de las recomendaciones de la Comisión, la cual fue aprobada y publicada en el Diario Oficial el 31 de octubre de 1996.[14]

Don Luis denunció abierta y constantemente los fraudes electorales de partido en el poder, atribuyendo que eran “la pieza maestra en que se sustenta el sistema que gobierna México”;[15] criticó que el gobierno sea quien organice las elecciones, pudiendo amañar los procesos[16], en lugar de realizarse por organismos autónomos e independientes y que los sueldos de los miembros de los ayuntamientos los nombrasen ellos mismos, en violación a la ley.[17]

Fue también un atento observador de las negociaciones del gobierno con el EZNL, a pesar de la insistencia de su partido de alejarse de esas temáticas.[18] Incluso fue de los primeros analistas e impulsores de las candidaturas independientes desde 1985, 30 años antes de que precisamente en Nuevo León surgiera el primer gobernador independiente en México.[19]

Y qué decir de la postura controversial de don Luis Santos ante el FOBAPROA en 1998, muy distinta a la defendida por el gobierno federal y la iniciativa privada. Fue un duro crítico de que el gobierno hiciera pública una deuda privada, medida que catalogó de ilegal e inmoral, y que en su lugar propuso que el Estado adquiriera la deuda como socio y recuperase la inversión paulatinamente, curiosamente tal como lo haría una década después el presidente estadounidense Barack Obama durante el rescate financiero.[20] La propuesta de Santos de la Garza fue impopular y se desestimó, no sin antes ganarle la enemistad de más de una figura de la vida política y económica del país, algunos de ellos correligionarios o clientes potenciales de su firma.

El Archivo Luis Santos de la Garza

12

Lo dicho hasta ahora es solo una muestra de la trayectoria de quien en su infancia vendía limones en el mercado Juárez, y cuyo primer empleo, a los 16 años, fue limpiando nueces en San Antonio, Texas (ganando 4 dólares y medio), y que con el tiempo logró edificar una carrera digna de conservar. Sin duda Santos de la Garza tiene un lugar entre los constructores de la democracia quienes abrieron sendero al empoderamiento ciudadano.

Don Luis, para finalizar quiero agradecerle el noble gesto de donarnos sus documentos. Debe usted estar confiado de que su legado no estará encerrado en una gaveta generando polvo, sino que estará vivo a través de investigadores que encontraran en él una fuente de ideas para sus artículos, libros y clases. Sus documentos forman ahora parte de la comunidad que usted contribuyó a construir a lo largo de su vida, y harán que el pensamiento, la voluntad y los logros de Luis Santos de la Garza sean tangibles y perdurables para las siguientes generaciones. Así sea.

FUENTES    

[1] Archivo Luis Santos de la Garza (ALSG), Fondo Documental, “Discurso en conmemoración del 40 aniversario de la Sociedad General de Crédito, S.A., 1933”, expediente 9.

[2] Idem.

[3] ALSG, Fondo Documental, “Escritos rumbo a la senaduría”, expediente 27.

[4] Idem.

[5] ALSG, Fondo Documental, “Discurso en conmemoración…”, Op. Cit.

[6] “Escritos rumbo a la senaduría”, Op. Cit.

[7] Idem.

[8] Idem..

[9] ALSG, Fondo Documental, “Discurso de LSG en la convención del partido Acción Nacional, febrero 1944”, expediente 25.

[10] ALSG, Fondo Documental, “Borrón y cuenta nueva, carta al Lic. Roel”, expediente 6.

[11] ALSG, Fondo Documental, “La verdad, defensa de la patria”, expediente 13.

[12] ALSG, “Escritos rumbo a la senaduría”, Op. Cit.

[13] Idem.

[14] ALSG, Fondo Documental, “Recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA”, expediente 15.

[15] ALSG, Fondo Documental, “Discurso de LSG ante diputados de Nuevo León, 1987”, expediente 14.

[16] ALSG, Fondo Documental, “Reforma Constitucional”, expediente 16.

[17] ALSG, Fondo Documental, “Sueldo del alcalde y regidores”, expediente 20.

[18] ALSG, Fondo Documental, “Falta otra ley para Chipas”, expediente 50.

[19] ALSG, Fondo Documental, “Candidatos independientes”, expediente 38.

[20] ALSG, Fondo Documental, “Documentos de LSG como senador de la República”, expediente 54.

Anuncios

2 comentarios en “Luis Santos de la Garza: el archivo personal de un constructor de ciudadanía | César Salinas”

    1. Hola, José Alberto. Hemos revisado en nuestros acervos y lamentablemente no hemos encontrado referencia alguna a dicha visita. Sin embargo, sabemos que puede haber alguna fotografía en la Fototeca Nuevo León, que ha recibido la colección de fotografías del Archivo Histórico de Nuevo León, o en su defecto, en el archivo histórico de Linares. Quedamos a sus órdenes y que tenga un excelente día.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s