Escuelas “Adolfo Prieto” | Alberto Casillas

Alberto Casillas Hernández / Historiador

“De estas escuelas y de estos talleres tiene que salir la verdadera aristocracia del proletariado nacional”. Adolfo Prieto y Álvarez de las Vallinas

Esc. a PrietoElefante

La fundación de planteles educativos dentro de las grandes industrias asentadas en Monterrey fue una muestra de la fuerte ideología de los capitanes de la industria, cuya meta era proveer de capital humano a las empresas. La preparación de futuros obreros y técnicos fue el objetivo de dicho proyecto educativo dirigido a hijos e hijas de obreros y empleados. Paralelamente, la élite regiomontana enviaba a sus hijos a estudiar al extranjero para aplicar los conocimientos adquiridos en las empresas de sus progenitores.

Esta visión era compartida por la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, que fundó el 1° de abril de 1911 su primera escuela con la finalidad de dar instrucción primaria a los hijos e hijas de sus trabajadores y empleados. El fundador de este plantel, llamado inicialmente “Escuela Acero”, fue Adolfo Prieto y Álvarez de las Vallinas, Consejero Delegado de la Compañía.

Adolfo PrietoParte de la filosofía de Don Adolfo Prieto se resumía de la siguiente manera: que los hijos (as) de los trabajadores nacieran en la Cía. Fundidora –la Maternidad “María Josefa”-, estudiaran en las escuelas de la Cía. Fundidora, trabajaran para la Cía. Fundidora y cerraran su ciclo de vida en la Cía. Fundidora. Eso era lo que resumía la frase usada en los años 20: “La gran familia Acero”, donde la lealtad y el honor de trabajar para la primer industria siderúrgica, mostraba el signo de pertenencia hacia la empresa. En su mente seguía avivando la idea de hacer de la Cía. Fundidora, “no solo una fábrica de acero, sino también una forja de hombres”.

En plena época revolucionaria las autoridades inmediatas no molestaron a la clase empresarial, como lo señala Óscar Flores: “la importancia de la reforma educacional pro-empresarial para la política social maderista de la entidad y para el empresariado industrial de Monterrey, fue innegable a partir de 1911. El constitucionalismo y los regímenes inmediatos no llegaron jamás a interferir en el proceso de consolidación de esta tendencia. A lo sumo, solo exigieron relativo apego a la estructura y contenido del programa educativo que proyectaron”[1].

Sin embargo, en un principio la Escuela Acero comenzó su labor educativa en una pequeña casa que se acondicionó para tal fin dentro de los terrenos de la colonia Acero, impartiendo clases con 25 alumnos y su Profesor, José G. García.  Desde su fundación todo era pagado por la empresa: sueldos del personal docente, libros para los alumnos, utensilios escolares, clases especiales como gramática superior, inglés, dibujo lineal, taquigrafía y mecanografía, matemáticas, geometría, corte y confección de ropa, cocina, flores, etc.[2]

Hasta 1917 que se promulgó la Constitución Mexicana se estatuyó este tipo de escuelas como obligatorias para las empresas en su artículo tercero. Pocos años después de su creación, cuando la matrícula de alumnos iba creciendo a la par de la siderurgia regiomontana, se inició en el segundo lustro de los años 20 el proyecto de un edificio para la Escuela Acero, que hasta ese entonces contaba con Primaria elemental, Primaria superior y Primaria Nocturna. Posteriormente, en 1944 se proyectó la planta alta y con ello se ejecutaron los trabajos de intervención y resane del edificio para dar como resultado, la apariencia actual frente a la Plaza Prisciliano Elizondo, ubicada actualmente cerca de la Avenida Madero.[3]

Escuela AceroAl morir Don Adolfo Prieto en el mes de enero de 1945, el profesor Simón Salazar Mora y la Sociedad de Padres de Familia, solicitaron dos meses después a la empresa acerera, cambiar el nombre de la Escuela Acero por Escuelas “Adolfo Prieto”, lo cual cobró efecto el 10 de mayo de 1945, aprovechando la inauguración de la Maternidad “María Josefa” para develar la placa alusiva en la fachada del edificio.

Cada año, los alumnos se preparaban académicamente para obtener una beca costeada por la empresa, sin más estudios que los que recibieron ahí, para ingresar a la Escuela de Ingenieros, Mecánicos y Eléctricos de México (EIME)[4], ahora Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica del Instituto Politécnico Nacional de la Ciudad de México. En el año de 1927 se becaron por primera vez tres alumnos de la Escuela “Acero”, para estudiar en la EIME, los alumnos seleccionados fueron: Narciso Morales Silva, Roberto Flores Cabriales y Antonio González Llano.

Estos jóvenes relevarían a sus padres en la fuerza laboral de Fundidora Monterrey, por ejemplo: Narciso Morales Silva recogió años después las experiencias de su padre, Gregorio Morales, fundidor en la primera batería de Hornos de Aceración; el segundo era sobrino de Guillermo, Arturo, Alfredo y Ángel Cabriales, todos ellos herreros y moldeadores; y el tercero era hermano de Tomás González Llano, trabajador del Departamento de Estructuras.[5]

025Estos hombres pasaron sus experiencias a las futuras generaciones de jóvenes que egresaban de la Escuela “Acero”. Los niños aprendían matemáticas, civismo, biología, español, etc., además contaban con pequeñas industrias, prácticas agrícolas y jardinería, y para las niñas, había clases de cocina, bordado, corte y confección.

Tanto fue el cariño y el respeto que la gran familia “Acero” le profesaba al filántropo desinteresado por la educación de los niños, que a mediados de 1949, la Sociedad de Padres de Familia Escuela “Adolfo Prieto” y el Comité Ejecutivo General y Consejo General de Vigilancia, cooperaron voluntariamente con un donativo para levantar un monumento que perpetuara la memoria del ilustre español, Don Adolfo Prieto, en el interior del centro educativo.

Con el paso del tiempo, se construyeron dos escuelas más en las nuevas colonias que la Compañía Fundidora proporcionó a sus trabajadores. La escuela “Adolfo Prieto” N° 2 abrió sus puertas en septiembre de 1954 en el Fraccionamiento Buenos Aires y en 1972 comenzaron las clases en la Unidad N° 3, erigido en la colonia Adolfo Prieto; cabe señalar que cada una de estas escuelas contaba con un jardín de niños.

Sin embargo, lo que hizo trascender a las Escuelas “Adolfo Prieto” no fue solo los planes educativos que se apegaron a los programas oficiales, dando preferencia a las materias como Lenguaje, Matemáticas, Civismo, Cultura Física, Ciencias, Ocupaciones Domésticas, Pequeñas Industrias, Trabajos Manuales, y clases de Solfeo y confección de Flores, sino también la labor que realizaron los maestros al consagrar su vida entera a la formación educativa de los miles de niños y niñas que salieron de las aulas de dicha institución.

 

NOTAS

[1] Oscar Flores: Monterrey en la Revolución 1909-1923. Centro de Estudios Históricos. UDEM p. 65

[2] Manuel González Caballero. La Fundidora en el Tiempo. p. 70. Reimpresión 2003. Fideicomiso Parque Fundidora. (AHF).

[3] Rodrigo Mendirichaga. Monterrey en el desarrollo. Monterrey N.L., México. 1975. p. 23. (AHF).

[4] Escuelas Mixtas de la Compañía Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, S.A. en revista Colectividad. Julio de 1929. p. 137 (AHF).

[5] Manuel González Caballero. La Fundidora en el Tiempo. p. 70. Reimpresión 2003. Fideicomiso Parque Fundidora. (AHF).

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