PALABRAS DIRIGIDAS A DON LUIS G. SADA

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Luis G. Sada fue un destacado empresario regiomontano en la primera parte del siglo XX. Nacido en 1884, entró a trabajar en la Cervecería Cuauhtémoc en donde su padre, Francisco G. Sada, era accionista. En esta empresa comenzó a trabajar en 1905 y escaló posiciones hasta convertirse en el Superintendente.

Parte de su labor era el trato con los empleados y trabajadores de la compañía, siguiendo la postura de su padre de preocuparse por las necesidades de quienes contribuían en la Cervecería. En 1918, por ejemplo, atendió la solicitud de unos obreros para crear una Sociedad Mutualista, y los ayudó a estructurar la Sociedad Cuauhtémoc y Famosa que se basaba en el ahorro de los trabajadores y las aportaciones de la empresa para brindar servicios de préstamos, salud, vivienda, proveeduría, deporte y recreo.

Don Luis, como lo llamaban, marcó a varias generaciones de trabajadores de la Cervecería, quienes le tenían respeto y cariño, pues siguiendo la postura de su padre, fue el artífice del modelo de atención a las necesidades de los obreros, como lo observamos en las siguientes frases dedicadas al Superintendente Sada.


“Don Luis estuvo presente durante mi operación, dando con esto un ejemplo de su nobleza de espíritu, porque no solo es un buen consejero, sino un verdadero conductor a la senda del bien; no solo atiende sus múltiples ocupaciones con el acierto que lo caracteriza por herencia, sino que a diario lo vemos prestar su nombre atención a cuantos recurrimos a él para nuestros asuntos íntimos para encontrar esa ayuda moral que siempre está dispuesta a prodigarnos, este es el señor don Luis, como cariñosamente lo llamamos y para quien queda en mi corazón eterno agradecimiento”.[1]    J. Mondragón, trabajador del Departamento de Embotellar de la Cervecería Cuauhtémoc enfermó, consultó con un médico que le dijo que su enfermedad era grave y el procedimiento complicado. Habló con Luis G. Sada quien le dijo que hablara con Víctor González Garza, Presidente del Servicio Médico, para hacer una junta de médicos para tener otra opinión. Tuvo que ser operado en el Sanatorio San Salvador.


 “Usted es un apóstol del bien… es un Hombre Verdad”.[2]    Gustavo Santibáñez con un grupo de obreros del Departamento de Electricidad.


“Cuando llega al Departamento nuestro Superintendente, el señor don Luis G. Sada, entonces se despierta en todos los obreros un entusiasmo y un frenesí por el quehacer; asombrosos, realmente inexplicables. Sin hablar una palabra el señor don Luis, solo con su mirar parece que anima; comunica fuerza y ahínco para trabajar; interpretamos su pensamiento y adivinamos sus deseos: no pierdan su tiempo, no causen perjuicios a la Fábrica, no desperdicien material; sean buenos y honrados”, y nosotros obedecemos sus órdenes, porque sabemos muy bien que todo lo qu él nos diga será para nuestro propio bienestar”. [3]    Pedro C. Tamez, obrero del Departamento de Embotellar.


“Don Luis: Joven lo vi llegar a usted a la fábrica en que hoy presta sus servicios, trayendo en su alforja inteligencia, actividad, atrevimiento, constancia y una gran dosis de optimismo y de fe en el porvenir; todo eso lo puso usted al servicio de la negociación que mucho le debe de su engrandecimiento, puesto que ha dado usted pruebas de sus magníficas dotes de organizador. ¡Quién lo creyera! que aquel joven enjuto de cuerpo, de mirada firme, trato afable, parco en el hablar, rodando los años había de ocupar la Superintendencia de la Cervecería más grande de América, que ha dado prestigio a esta Patria mía”. [4]    Discurso de Cristóbal Garza a Luis G. Sada, 31 diciembre de 1930, por sus 25 años de trabajo en la Cervecería.


AUSENCIA

No hay que hablar de la muerte, que no existe;

Marchaste hacia otro Mundo y eso es todo;

Y a vernos no vendrás del mismo modo

Que lo ordenó la Ley cuando te fuiste.

El descender a la fosa un ser querido

No ha de significarnos que haya muerto,

Solo diríase el hecho como cierto

Si bajase al abismo del olvido;

Pero tú, Luis, en tu bregar constante

Cimentaste un cariño tan profundo

Que es por esto, imposible, en nuestro Mundo,

Dejar de recordarte a cada instante.

Perdimos, sí, de vista, tu envoltura,

No oiremos más tu voz; no escucharemos

Tus frases cariñosas; no veremos

Ni tu indulgente faz, ni tu apostura.

Mas no es por que hayas muerto; pues tus obras

Fuero ayer, son hoy, y siguen siendo;

Y como ellas son tú, sigues viviendo

Sin ninguna inquietud y sin zozobras.

Con tu marcha nos dio una prueba fuerte

De lo que son sus obras, el Destino;

Pero también nos enseñó el camino

Que habremos de seguir para ir a verte. [5]

Seguro Corral


[1] Revista Trabajo y Ahorro, Monterrey, Sociedad Cuauhtémoc y Famosa, No. 98, 3 de mayo de 1925, p. 5.

[2] Revista Trabajo y Ahorro, Monterrey, Sociedad Cuauhtémoc y Famosa, No. 156, 26 de junio de 1926, p. 10.

[3] Revista Trabajo y Ahorro, Monterrey, Sociedad Cuauhtémoc y Famosa, No. 166, 4 de septiembre de 1926, p. 7.

[4] Revista Trabajo y Ahorro, Monterrey, Sociedad Cuauhtémoc y Famosa, No. 387, 10 de enero de 1931, p. 8.

[5] Revista Trabajo y Ahorro, Monterrey, Sociedad Cuauhtémoc y Famosa, No. 941, 11 de octubre de 1941, p. 6.

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