Reseña del libro “Historia Económica y Empresarial. México-Colombia S. XIX-XX”

Dr. Ponciano Murillo de la Torre

Facultad de Economía, UANL

 

De los nueve ensayos, cinco hacen referencia a Monterrey y al noreste empresarial. Tiro con escopeta y a vuelo de pájaro, comparto con ustedes algunas observaciones sobre estos cinco espléndidos ensayos[1].

Portada del libro

Primer trabajo, de Eduardo Flores Clair: “LOS INGENIEROS: ACTORES DEL PROGRESO PORFIRISTA Y PROMOTORES DE LA INVERSIÓN DEL CAPITAL EN EL NORTE DE MÉXICO”. El autor nos explica el origen y creciente protagonismo del INGENIERO en la modernidad mexicana; partiendo del Colegio de Minería de 1792 y llegando hasta la Escuela Nacional de Ingenieros de 1883, fundada por el presidente norteño Manuel González. Nos traza la épica del ingeniero, esencial para la minería, para las fábricas, para los ferrocarriles.¿Cuántos ingenieros egresaron de las escuelas de ingeniería mexicana durante el Porfiriato? No muchos, alrededor de 500, pero cuidado, al menos cien ingenieros se asientan en Monterrey hacia 1900. Pronto serán los dioses del Olimpo.

Segundo ensayo, de Lylia Palacios: “PATERNALISMO Y ‘MILITANCIA MORAL’ EN TIEMPOS DE LA GLOBALIZACIÓN, EL CASO ANSPAC EN MONTERREY (1974-2015)”. Es un trabajo crítico de la mentalidad empresarial regiomontana, cuya lectura, lo confieso, me obligó a ponerme de pie para digerir su argumentación. Usando la metodología del análisis del discurso del marxista italiano Antonio Gramsci, Lylia Palacios disecciona el discurso paternalista del empresariado regio, empleado para suavizar la transición de sus trabajadores del mundo rural al mundo urbano y que opera como un instrumento de control social y, desde luego, como un acicate de la productividad.

El trabajo se centra en la labor de la ONG ANSPAC, auspiciada por mujeres de la élite regiomontana que buscan reforzar los valores tradicionales de trabajo y ahorro. Aunque no compartimos del todo las conclusiones del ensayo, su lectura nos hace conscientes de que cualquier discurso social es “una jaula de hierro”, pero que lo esencial (diría) son sus resultados vitales.

Tercer texto, de Reynaldo de los Reyes Patiño: “LA CARNE AL ASADOR: EL CONSUMO DE CARNE VACUNA EN MONTERREY (PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX)”. Con un inicio que enlaza fútbol, carne asada y cerveza, con el dato duro del consumo de carne de res en Monterrey, doble del promedio nacional, este ensayo nos lleva por la prehistoria de esta historia de la preeminencia cárnica en Monterrey. Y la prehistoria es curiosa, pues Monterrey no destaca nacionalmente durante el Porfiriato por sus elevados consumos per cápita de carne de res; y aunque durante la Revolución supo capear el problema de abastecimiento de carne roja, los años veinte la enfrentan al agotamiento de los rebaños originado por la guerra civil de la década anterior.

No es sino hasta mediados de los treinta cuando Monterrey recupera los niveles relativamente bajos de consumo de carne roja alcanzados al fin del Porfiriato (consumo per cápita que es apenas la mitad del que mantienen Ciudad de México y Guadalajara). El estudio prosigue con los esfuerzos de conformar una industria cárnica de 1929 a 1950, concluyendo nuestro autor que son los corrales de engorda los que detonan el milagro cárnico regiomontano.

Cuarto trabajo, de Eva Rivas Sada: “LA NUEVA AGRICULTURA COMERCIAL EN EL NORESTE DE MÉXICO: LA CITRICULTURA EN LA SIERRA MADRE ORIENTAL (1895-1950)”. Con el rigor con que nos tiene acostumbrados (recuerdo especialmente su estudio sobre el algodón en La Laguna), nuestra autora nos presenta ahora, de forma impecable, el desarrollo de la citricultura en la franja serrana de la Sierra Madre Oriental. Al naranjo colonial, resistente pero de ornato, se le injerta el maravilloso naranjo brasileño de Bahía, adaptado en California y conocido como Washington Navel. El coronel Joseph A. Robertson, gerente administrador del Ferrocarril del Golfo en construcción de 1887 a 1891, introduce este cultivo comercial que él había promovido en tierras californianas en los 1870’s.

Enamorado de las serranías neolonesas, Robertson y el agrónomo León N. Stewart seleccionan los lomeríos de Montemorelos para las primeras huertas de naranjos; pronto acude el capital local. La producción de naranjos de maduración temprana, con fruta dulce y jugosa, carente de semilla y con cáscara gruesa especial para el embalaje, aprovecha la tecnología de refrigeración del momento para internarse en el mercado texano, anticipándose con su cosecha invernal a la producción norteamericana de California y Florida. La violencia de la Revolución interrumpe este crecimiento dinámico, mermando las huertas llenas ahora de la mosca de la fruta. Además, la Reforma Agraria genera en Nuevo León, con ciertas peculiaridades, pleitos legales que congelan las inversiones, o casi. El capital privado se introduce a partir de 1935 en Allende, en donde curiosamente no ha habido ningún pleito por el reparto agrario o la consolidación de propiedades. Desaparecen del paisaje serrano el maíz y la caña de azúcar, predominando ahora la naranja valenciana que se envía al altiplano central.

Finalmente, el quinto ensayo, de Mario Cerutti: “EL GRAN EMPRESARIADO DE MONTERREY (1848-2007)”. Es un texto summa, en donde el autor concentra conocimiento profundo y sabiduría intuitiva, pues no en balde ha explorado con rigor y creatividad la prodigiosa aparición de Monterrey en la economía latinoamericana. Apunta nuestro autor que Monterrey y el noreste es un caso ejemplar de “región fronteriza binacional”, pues está conectada con Estados Unidos, la economía más dinámica del mundo moderno y postmoderno. Esta realidad regional binacional vigorosa explica la conformación de una burguesía regiomontana resistente a la Revolución, a la Gran Depresión y a la crisis de la Globalización.

En su origen, el empresariado de Monterrey absorbe con éxito las oportunidades de la invasión norteamericana que en 1848 recorre la frontera a sólo 200 kilómetros de la ciudad, para luego aprovechar las coyunturas de las guerras civiles en Estados Unidos, y en México entre 1857 y 1867. La burguesía comercial regia, que ha acumulado enormes capitales, saltará a la industria hacia 1890 cuando Bernardo Reyes y Porfirio Díaz establezcan en México una Belle Époque espectacular. Por ello, resiste el capitalismo industrial regio a los embates revolucionarios pues ya está constituido desde hace tiempo, y por eso también es el capitalismo regional que mejor aprovecha la sustitución de importaciones de la postguerra mexicana. Es el único grupo de interés que resiste con éxito a Lázaro Cárdenas (digamos que hubo un empate) quien había triunfado sobre Calles, sobre los petroleros norteamericanos, sobre los hacendados todopoderosos, y sobre Almazán.

La burguesía regia reproduce en el tiempo la docena de apellidos que llegaron para quedarse y que se abren para aceptar otra docena de nuevas familias en los 1920’s y en los 1950’s; desde una empresa madre incursionan con flexibilidad en los tres sectores económicos tejiendo una tupida red de empresas que reflejan alianzas matrimoniales en estas familias extensas del norte. Excepcionalidad de Monterrey: hacia 1890 despliega sus capitales comerciales no sólo en la industria ligera (la cerveza) sino también y al mismo tiempo en tres grandes empresas metalúrgicas y en una siderurgia; Monterrey se acostumbra con todo el norte a hacer negocios en los Estados Unidos conjuntamente con el mercado interno y por ello la globalización no ha sido una novedad. Así, parecería (al menos hasta ahora) que la saga creadora de la burguesía regia continuará acompañando a su guardián, el Cerro de la Silla.

Termino. Los invito a leer y a gozar con los ensayos de este libro. Es el mejor tributo, al alcance de la mano,  que podemos rendir a Monterrey y al noreste empresarial de México.

[1] El libro fue presentado el 31 de mayo de 2017 en el Museo de Historia Mexicana

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